El ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, Javier Martínez-Acha Vásquez, viajó a Nueva Delhi para presentar formalmente ante el gobierno indio la solicitud de adhesión al Tratado de Neutralidad Permanente del Canal de Panamá. La propuesta se concretó durante una reunión de alto nivel con el canciller indio Subrahmanyam Jaishankar, en lo que constituye el primer tramo de una gira diplomática panameña por Asia.
El Tratado de Neutralidad es el instrumento internacional que garantiza que la vía interoceánica permanezca segura, abierta y neutral para el libre tránsito de todas las naciones, con implicaciones directas sobre las cadenas globales de suministro. Sumar a India —una de las mayores economías y potencias navales del mundo— a ese marco jurídico ampliaría el respaldo multilateral al régimen que rige el paso entre el Atlántico y el Pacífico.
La iniciativa se enmarca en la visión bilateral denominada «Dos democracias, dos océanos, un mismo destino», que busca consolidar a Panamá como la frontera logística y tecnológica natural de India para la región americana. Más allá del plano jurídico-diplomático, la agenda del canciller Martínez-Acha en India incluye cooperación técnica con el Instituto Indio de Tecnología y reuniones con la Alianza Solar Internacional para la promoción de energías renovables.
Concluida la etapa india, el diplomático continuará hacia Manila, Filipinas, donde defenderá la competitividad logística y digital de Panamá ante los cancilleres de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).
Conviene mirar los incentivos. Para India, adherirse al Tratado de Neutralidad significa obtener certeza jurídica sobre el acceso a una ruta que conecta sus puertos del Índico con los mercados del Atlántico, algo de peso creciente a medida que Nueva Delhi diversifica sus cadenas de valor y compite con Beijing en proyección marítima. Para Panamá, cada nueva adhesión de una potencia relevante refuerza el argumento de que el Canal es un bien público global, no un activo en disputa bilateral.
El dato importa más que el ruido. En un momento en que la soberanía panameña sobre el Canal ha sido objeto de presiones y declaraciones desde distintos frentes, la estrategia del gobierno de Mulino apunta a blindar el instrumento con más firmas y más actores con interés directo en su estabilidad. Ampliar la red de garantes no es un gesto protocolar: es política de seguridad jurídica y de libre comercio ejecutada con herramientas diplomáticas. La historia sugiere cautela ante los grandes anuncios de gira, pero la dirección de este movimiento —democracias de mercado, multilateralismo funcional, cadenas de suministro abiertas— apunta en el sentido correcto.



