El Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá condenó este domingo los ataques registrados en Arabia Saudita y Yemen, expresó solidaridad con el Reino de Arabia Saudita y llamó a la contención y la desescalada. El comunicado advierte de los riesgos que estas acciones representan para la población civil, la estabilidad regional y la seguridad de la navegación en el mar Rojo.
El pronunciamiento panameño se produce después de que al menos 14 personas, entre ellas diez civiles, murieran y alrededor de 50 resultaran heridas en ataques de los rebeldes hutíes de Yemen contra el puerto de Moca, ciudad portuaria en el mar Rojo bajo control del Gobierno internacionalmente reconocido del país. Las Fuerzas de Resistencia Nacional, vinculadas al Ejecutivo yemení, informaron de la muerte de cuatro soldados y tres civiles, además de 15 heridos, en esa misma oleada de ataques contra objetivos civiles y militares.
El Gobierno panameño manifestó preocupación específica por los ataques contra instalaciones vinculadas al suministro energético y zonas portuarias y residenciales. La Cancillería consideró que estas acciones, además de poner en riesgo vidas humanas, amenazan la estabilidad regional y pueden afectar las cadenas globales de suministro, el comercio internacional y la seguridad energética.
La nota exhortó a todas las partes a abstenerse de nuevas acciones militares que puedan ampliar el conflicto y generar un ciclo de represalias con consecuencias imprevisibles. Panamá reiteró que el mar Rojo debe permanecer abierto a la navegación internacional, de forma libre y segura, y sin amenazas que pongan en peligro a buques mercantes, sus tripulaciones, instalaciones portuarias o infraestructuras esenciales.
El país reafirmó que continuará respaldando los esfuerzos diplomáticos para reducir las tensiones, proteger a la población civil y promover una solución pacífica y duradera a los conflictos que afectan a Oriente Medio.
Conviene mirar los incentivos. Panamá no es un actor militar ni un mediador de peso en Oriente Medio, pero su posición en el sistema de comercio global le otorga una perspectiva singular: cualquier perturbación sostenida en el mar Rojo golpea directamente el tráfico que alimenta la economía del Canal. La condena de Ciudad de Panamá no es, por tanto, un gesto diplomático menor; es la voz de un país cuya prosperidad depende de que las rutas marítimas permanezcan abiertas y predecibles.
El dato importa más que el ruido. Los ataques hutíes no afectan solo a Arabia Saudita o al Gobierno yemení reconocido: afectan a las cadenas de suministro que sostienen el comercio de bienes esenciales en medio mundo. Cada escalada en esa franja marítima se traduce en costos reales para empresas, consumidores y economías que no tienen voto en el conflicto. La postura del Gobierno de Mulino, alineada con la defensa del libre comercio y la seguridad jurídica de la navegación, refleja exactamente el tipo de orden internacional que hace posible la inversión y el crecimiento. La historia sugiere cautela ante quienes minimizan estas perturbaciones como asuntos lejanos.

