Edición Globalsábado 17 de octubre de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Las Américas

Niemann, nueve títulos, 80 millones y posible accionista de un LIV en quiebra

El golfista chileno ganó 4 millones de dólares en Nueva York ante la presencia de Trump, pero el circuito que lo hizo millonario se acoge al Capítulo 11 y promete convertir a sus jugadores en dueños.
Imagen ilustrativa
Las Américaslunes 10 de agosto de 2026

Joaquín Niemann ganó su segundo título de la temporada de LIV Golf en Nueva York, en un campo propiedad de Donald Trump y con el presidente de Estados Unidos entre los asistentes. La victoria le reportó un cheque de 4 millones de dólares y elevó a nueve sus primeros puestos desde que se incorporó al circuito en 2022.

El triunfo en la Gran Manzana coloca al golfista chileno en el tercer puesto de los jugadores con mayores ganancias en la temporada actual, con más de 11 millones de dólares acumulados solo en este curso. Por encima de él figuran el español Jon Rahm, con más de 18 millones, y el estadounidense Bryson DeChambeau, con más de 14 millones, según los números oficiales del circuito.

En términos históricos, Niemann es el segundo profesional con más ganancias en la corta historia del LIV. De acuerdo con las cifras de la organización, el chileno ha sumado más de 80 millones de dólares en premios dentro del circuito, incluyendo los 4 millones de Nueva York. Rahm encabeza ese ranking con más de 96 millones. Si se suman los premios acumulados previamente en el PGA Tour, Niemann supera los 100 millones de dólares en ganancias totales a lo largo de su carrera.

El punto de partida de esa trayectoria fue agosto de 2022, cuando el Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudita pagó alrededor de 100 millones de dólares brutos —unos 75 millones líquidos— solo por la firma del talagantino. Una apuesta que, en términos deportivos y financieros, resultó acertada.

Sin embargo, el escenario institucional del circuito es otro. El LIV Golf atraviesa el momento más delicado de su historia: el PIF dejará de financiar el circuito, que acumuló inversiones de cerca de 5.000 millones de dólares desde su fundación y enfrenta deudas superiores a los 250 millones de dólares en obligaciones contractuales. La organización convocó una reunión de emergencia con los jugadores para explicar el plan: acogerse al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos y reestructurarse bajo el esquema denominado LIV 2.0, en el que los propios deportistas se convertirían en accionistas del circuito.

Niemann, cuyo equipo —integrado por Carlos Ortiz, Abraham Ancer y Sebastián Muñoz— terminó segundo en la competición colectiva, agradeció públicamente la presencia de Trump. «Sinceramente, creo que fue muy especial que el presidente Trump viniera a vernos», declaró el chileno, según recoge la fuente. El dinero para la temporada 2026 está asegurado, precisaron los organizadores, aunque advirtieron que los conflictos geopolíticos en Medio Oriente pesan sobre el financiamiento futuro.

El dato importa más que el ruido. Niemann construyó una posición patrimonial extraordinaria gracias a un mercado que, en su momento, ofreció competencia real al monopolio del PGA Tour: contratos más altos, premios más generosos y condiciones negociadas desde la libertad contractual. Que ese modelo enfrente ahora una reestructuración bajo quiebra no invalida lo que produjo; sí obliga a preguntarse si un circuito sostenido por un fondo soberano, sin disciplina de mercado ni presión de rentabilidad, podía sobrevivir indefinidamente. La respuesta la está dando el Capítulo 11.

Conviene mirar los incentivos. Si la reestructuración prospera y los jugadores se convierten en accionistas, el LIV 2.0 tendría por primera vez propietarios con interés directo en la viabilidad del negocio. Eso alinea incentivos de una manera que el modelo original —donde el capital público saudí absorbía todas las pérdidas— nunca logró. La historia sugiere cautela, pero también reconoce que los mercados encuentran formas de reorganizarse cuando hay activos reales y talento verificable de por medio.

Más sobre Las Américas

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →