El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu rechazó el domingo el plan de 15 puntos anunciado el 30 de julio por el presidente Donald Trump y publicado por la Junta de Paz para encauzar la segunda fase del alto el fuego en Gaza. «Israel rechaza el documento de 15 puntos. Las Fuerzas de Defensa de Israel no se retirarán hasta que Hamas se desarme», afirmó Netanyahu en un mensaje en video difundido por su oficina al inicio de una reunión de gabinete.
El argumento central del primer ministro es que no existen garantías suficientes para certificar un desarme «completo» del movimiento islamista antes de una eventual retirada militar israelí de la Franja. Netanyahu calificó además algunas propuestas de sus aliados estadounidenses de «inaceptables» para Israel.
La Junta de Paz respondió el lunes. Su director general, el diplomático búlgaro Nickolay Mladenov, instó a Netanyahu a respaldar el esquema planteado y defendió los mecanismos de verificación previstos. «Nadie está obligado a hacer nada, y mucho menos Israel, antes de que tengamos medidas verificadas sobre el terreno», afirmó Mladenov en declaraciones al Canal 12 de la televisión israelí. El diplomático precisó además que el plan solo contempla que las tropas israelíes no avancen más allá de la denominada «Línea Amarilla», que delimita sus actuales posiciones en la Franja, y subrayó que la iniciativa no impide a Israel responder si considera necesario defenderse de ataques de Hamas.
Hamas, por su parte, respaldó en términos generales las líneas maestras del plan, aunque condicionó su desarme a una retirada completa de Israel de la Franja y reclamó un calendario concreto para el cese total de las operaciones militares. El grupo acusó además a Israel de continuar con los ataques sobre Gaza, donde, según la fuente, más de 1.200 personas han muerto desde la declaración del alto el fuego de octubre del año pasado.
Fuentes estadounidenses citadas por el Canal 12 restaron importancia a las declaraciones de Netanyahu y las interpretaron como un gesto dirigido a la opinión pública israelí de cara a las elecciones previstas para octubre. «Comprendemos sus necesidades políticas. No tenemos ningún problema con eso, siempre y cuando siga haciendo lo que le pedimos, especialmente en lo que respecta a frenar los ataques en Gaza», señalaron las fuentes bajo condición de anonimato. Un funcionario de la Casa Blanca había advertido previamente que Trump quedaría «muy, muy decepcionado» si Israel no cumplía con su parte del acuerdo. Estados Unidos ha mantenido además una posición que rechaza una reanudación de ofensiva a gran escala, aunque con mayor flexibilidad frente a los ataques diarios de menor intensidad.
La hoja de ruta de 15 puntos busca reactivar el plan inicial de 20 puntos y contempla, entre otros aspectos, el cese de las operaciones militares israelíes y el repliegue de las tropas al trazado original de la «Línea Amarilla».
Conviene mirar los incentivos. Netanyahu enfrenta un calendario electoral en octubre y opera bajo la presión simultánea de Washington y de una coalición doméstica que exige garantías de seguridad tangibles antes de cualquier repliegue. La administración Trump, por su parte, ha apostado por un esquema de verificación gradual que evite el colapso del alto el fuego sin comprometer la postura de fuerza que ha definido su política en la región. El dato importa más que el ruido: mientras ambas partes negocian los términos del desarme, el reloj electoral israelí corre, y esa variable —más que la geometría de la «Línea Amarilla»— puede determinar el ritmo real de cualquier acuerdo.

