El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente argentino, Javier Milei, se reunieron este jueves en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada en Nueva York, y se prodigaron elogios mutuos. En la conversación, ambos destacaron la «cooperación continua entre sus países» y las posibilidades de profundizar la cooperación en materia de seguridad y economía entre Israel y los países de América Latina.
Netanyahu agradeció a Milei su apoyo «firme e incondicional» al Estado de Israel. También lo presentó como «uno de los grandes líderes de nuestro tiempo» y le dijo: «Defiendes la verdad. No te importa lo que piensen los demás. Simplemente alzas la voz por la verdad. Por eso apoyas a Israel, porque compartimos esta herencia común de justicia y de decir la verdad, y nadie lo hace mejor que tú».
El mandatario israelí remarcó además la «magistral» transformación económica impulsada por el presidente argentino, pese a la «resistencia política». Añadió que se trata de algo «muy difícil de lograr» y que su comentario nace «del corazón y de la mente». Milei, por su parte, recibió con «honor» esas palabras y dijo que Netanyahu es, a su juicio, «uno de los más grandes líderes de toda la historia del mundo».
La escena tiene una lectura clara: Milei busca consolidar apoyo internacional para una agenda que apuesta por la apertura y la disciplina, mientras Israel valora una alianza que combina afinidad política y cooperación práctica. Conviene mirar los incentivos. En tiempos de presión interna, el reconocimiento externo puede servir como activo político, pero no sustituye los resultados que debe mostrar la economía argentina.
También hay un componente de política exterior que importa. La referencia a seguridad y economía no es decorativa: revela una relación que puede traducirse en coordinación más estrecha con beneficios concretos para ambos gobiernos. Si esa cooperación ayuda a fortalecer instituciones, atraer inversión y dar previsibilidad, el balance será favorable. Si queda en gesto diplomático, será apenas una foto más en una Asamblea General cargada de declaraciones y escasa ejecución.

