Las autoridades de Guyana elevaron este lunes a 27 la cifra de muertos por el naufragio del ferry MV Barima, ocurrido el sábado frente a la costa atlántica del país. El rescate de 69 sobrevivientes ha sido confirmado, mientras 83 personas permanecen desaparecidas.
El primer ministro Mark Phillips informó que el balance fue actualizado tras revisar el número real de pasajeros a bordo. La embarcación transportaba 179 personas, no 133 como indicaba inicialmente el manifiesto. «Nuestro enfoque sigue siendo encontrar personas. Todavía tenemos esperanza», declaró Phillips al ofrecer el nuevo reporte.
El ferry había partido la tarde del sábado desde Georgetown con destino a Port Kaituma, localidad situada en el interior de la región del Esequibo. Unas ocho horas después de iniciar la travesía emitió una señal de emergencia y desapareció frente a la costa del Atlántico Norte. El lugar exacto del hundimiento fue localizado gracias a información aportada por un pescador de la zona.
El ministro de Aviación, Deodat Indar, confirmó la «identificación positiva» del sitio y señaló que «se está llevando a cabo la extracción completa» del ferry. Francia envió personal especializado —buzos, médicos y técnicos— para colaborar con las tareas de búsqueda y recuperación, sumándose a unidades aéreas y marítimas del gobierno guyanés, efectivos de la Fuerza de Defensa de Guyana y pescadores locales.
La causa del naufragio permanece bajo investigación. El ministro de Obras Públicas, Juan Edghill, señaló que la hipótesis principal es que «una ola enorme hizo zozobrar al barco», aunque subrayó que todas las circunstancias siguen siendo analizadas. Edghill precisó también que el MV Barima contaba con 250 chalecos salvavidas y seis balsas inflables, conforme a las exigencias de seguridad vigentes.
Construido en 1939, el ferry cubría una de las rutas marítimas más utilizadas del país para conectar Georgetown con las comunidades de la Región Uno, incluido Port Kaituma. El costo reducido del servicio lo convertía en la opción habitual tanto para pasajeros como para comerciantes que transportaban mercancías entre ambas zonas.
Entre los sobrevivientes rescatados figuran varios menores de edad, atendidos por equipos médicos a bordo de las embarcaciones de emergencia antes de ser trasladados a centros asistenciales. La tragedia generó reacciones de solidaridad en el Caribe: el primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, expresó que le «entristece profundamente» el naufragio; el de San Cristóbal y Nieves, Terrance Drew, afirmó que el Caribe «es una sola familia» y manifestó que «compartimos su dolor».
El dato importa más que el ruido. Lo que revela esta tragedia no es solo el drama humano inmediato —que es real y grave— sino la fragilidad de infraestructuras de transporte que conectan comunidades enteras en economías emergentes. Una embarcación construida en 1939 operando una ruta de alta demanda subraya el costo que pagan las poblaciones cuando el Estado no garantiza condiciones mínimas de renovación de flota ni supervisión efectiva. La investigación en curso deberá responder si el cumplimiento formal de los requisitos de seguridad —chalecos y balsas— fue suficiente o si encubrió un déficit estructural más profundo. Mientras 83 familias esperan noticias, esa pregunta no admite respuestas burocráticas.



