Edición Globalsábado 17 de octubre de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Oriente Medio y África

Muere Hamad bin Khalifa Al Thani, el emir que convirtió Qatar en potencia global del gas

El «Padre Emir» falleció a los 74 años el 12 de julio. En 18 años de gobierno transformó una economía periférica en el mayor exportador mundial de GNL y en un actor geopolítico de primer orden.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricadomingo 12 de julio de 2026

El jeque Hamad bin Khalifa Al Thani, antiguo emir de Qatar, falleció la mañana del 12 de julio a los 74 años, según informó el Diwan Amiri, sede del gobierno. No se especificó la causa de la muerte. Qatar decretó cuatro días de luto nacional.

El actual emir, su hijo Tamim bin Hamad Al Thani, presidió un rezo multitudinario en la mezquita Imam Mohamed bin Abdul Wahhab de Doha —la más grande del país— antes de que el cuerpo fuera sepultado en el cementerio de Lusail, al norte de la capital. Miles de ciudadanos acudieron a la ceremonia.

De un golpe de Estado a una abdicación voluntaria

Hamad llegó al poder en 1995 derrocando a su propio padre, el jeque Khalifa bin Hamad Al Thani, aprovechando un viaje oficial de este a Europa. Gobernó durante 18 años y en 2013 cedió el poder pacíficamente a su hijo Tamim, un gesto inusual en la región. Nacido en 1952, se formó en la Real Academia Militar de Sandhurst, en el Reino Unido, y fue nombrado heredero al trono en 1977.

La arquitectura de una riqueza sin precedentes

Bajo su mandato, Qatar exportó su primer cargamento de gas natural licuado en 1996 y se convirtió en el mayor exportador mundial de GNL. La economía del emirato creció más de veinte veces durante su reinado, alcanzando los 199 mil millones de dólares en 2013, según datos del Banco Mundial. En 2005 creó la Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA), que aprovechó la crisis financiera mundial para adquirir participaciones en empresas como Barclays y Volkswagen, y compró los grandes almacenes Harrods de Londres en 2010. Ese mismo año, Qatar se convirtió en el primer país de Oriente Medio en obtener el derecho a organizar la Copa Mundial de Fútbol, que se celebró en 2022.

Hamad también invirtió 500 millones de dólares en el lanzamiento de Al Jazeera en 1996, cadena que generó controversia regional casi desde sus inicios al criticar la política interna de países vecinos. Invitó a universidades estadounidenses —Georgetown, Texas A&M y Carnegie Mellon— a establecer campus en el emirato, y transformó Doha en un centro cosmopolita de proyección internacional.

Una geopolítica de alto riesgo

Su legado exterior fue más ambivalente. Hamad albergó la mayor base aérea estadounidense en la región mientras mantenía relaciones cordiales con Irán. Permitió que Israel operara una oficina comercial hasta la guerra de Gaza de 2009, al tiempo que sostenía vínculos estrechos con el movimiento Hamás. Durante la Primavera Árabe de 2011, Qatar apoyó levantamientos en Siria y envió aviones de guerra contra las fuerzas de Muamar Gadafi en Libia. El emirato prestó 8 mil millones de dólares al primer gobierno islamista de Egipto, encabezado por Mohamed Mursi. Esas apuestas geopolíticas sembraron las disputas diplomáticas con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto que definieron años después el reinado de su hijo Tamim, incluido el bloqueo de 2017 que se prolongó más de tres años.

La embajada de Estados Unidos en Qatar calificó a Hamad como un «socio global clave» cuyo «liderazgo visionario dio forma al Qatar moderno». El presidente francés Emmanuel Macron afirmó que el exemir «vivió como un gigante». También expresaron condolencias la comisaria europea Dubravka Suica y los presidentes de Cuba y Venezuela.

La lectura de Continente

El caso de Qatar bajo Hamad ilustra con nitidez lo que los incentivos correctos pueden producir incluso en un Estado pequeño y sin democracia plena: un gobernante que apostó por abrir mercados, atraer capital e instituciones educativas de primer nivel transformó en dos décadas una economía dependiente del subsuelo en un actor con palancas financieras y diplomáticas globales. La QIA, la apuesta por el GNL y la apertura a universidades extranjeras son decisiones de libre empresa y competencia internacional, no de planificación burocrática.

Conviene mirar los incentivos. La pregunta que deja su muerte no es sentimental sino estratégica: si el orden que Hamad construyó —frágil en lo político, robusto en lo económico— puede sostenerse bajo su hijo en un entorno regional más volátil. La historia sugiere cautela.

Más sobre Oriente Medio y África

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →