Las autoridades de Rusia reiteraron este jueves sus críticas a Europa por el apoyo militar a Ucrania y aseguraron que se ha creado una red de producción de drones «masiva» en el continente para servir a «células terroristas» en Ucrania.
«Observamos una red de producción de drones verdaderamente masiva, extendida por toda Europa Occidental. Todo esto se lleva a cabo en colaboración con el régimen terrorista de Kiev», dijo la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Maria Zajarova.
Zajarova añadió que se trata de una operación unilateral que, según ella, no puede llamarse ni conglomerado ni consorcio, porque serían «auténticas células terroristas internacionales» las que vinculan la producción de drones en Europa occidental con el régimen de Kiev. También afirmó que detrás de estas redes hay «blanqueo de dinero y el uso de estos productos con fines terroristas».
Moscú insistió además en sus críticas al continente por su «militarización». Zajarova sostuvo que «se están invirtiendo recursos colosales en la militarización, a un ritmo vertiginoso, sin comprender el impacto económico, que sin duda será desastroso para Europa occidental y que ya se está sintiendo».
La portavoz rusa también señaló que empresas con producción civil, como las de electrodomésticos o automóviles, se están integrando en el sector industrial militar.
Conviene mirar los incentivos. Si Europa amplía su base industrial de defensa, lo hará bajo la presión de una guerra que ya ha arrastrado a la economía y a la política del continente a una lógica de seguridad permanente. Moscú presenta esa transición como una deriva costosa y desordenada; sus palabras buscan fijar el marco del debate antes de que el costo recaiga de lleno sobre los contribuyentes europeos.
El dato importa más que el ruido. Aquí hay dos hechos políticos en tensión: la apuesta europea por sostener a Ucrania y la advertencia rusa de que esa apuesta altera la frontera entre producción civil y militar. Para los gobiernos europeos, la cuestión no es solo estratégica. También es fiscal, industrial y de soberanía económica. Cuando el aparato estatal y la industria se reorientan hacia la guerra, la factura rara vez llega con suavidad.
