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Oriente Medio y África

Miller: elementos del régimen iraní están «desesperados» por cerrar un acuerdo con Trump

El subsecretario de gabinete de la Casa Blanca afirma que la presión acumulada sobre Teherán está abriendo grietas internas en el régimen por primera vez en 47 años.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricamiércoles 15 de julio de 2026

Stephen Miller, subjefe de gabinete para política de la Casa Blanca, declaró el martes que sectores del gobierno iraní están «desesperados» por alcanzar un acuerdo con la administración Trump, en medio de la reanudación de ataques estadounidenses contra Irán tras el colapso de un alto al fuego que Washington atribuye a Teherán.

Según Miller, la ruptura se produjo porque Irán atacó el tráfico marítimo comercial en violación de un acuerdo previo. «Entramos en un acuerdo que los iraníes violaron, atacaron el tráfico comercial en el estrecho», señaló en declaraciones al programa Hannity. «El presidente Trump dejó en claro: no se cruza a Estados Unidos, no se viola un acuerdo con Estados Unidos, no se rompe la palabra con el presidente Trump o con América, y si atacan el tráfico marítimo en violación de ese acuerdo, pagarán un precio infernal. Y eso es lo que ha ocurrido».

Miller atribuyó la escalada al error de cálculo de Teherán: el régimen habría asumido que Trump respondería con la misma tolerancia que administraciones anteriores. «Olvidaron que Donald Trump es el presidente de Estados Unidos», dijo. Según el funcionario, esa suposición fue «el error vital» que cometieron los líderes iraníes.

El subjefe de gabinete enumeró los instrumentos de presión disponibles: «Ya sea mediante ataques, ya sea mediante bloqueo, ya sea mediante estrangulamiento económico, ya sea mediante presión global, de una u otra forma, este régimen se verá finalmente obligado a cambiar sus formas».

Lo más significativo, en la lectura de Miller, no es la presión externa sino lo que ocurre dentro del propio régimen. «Durante 47 años no había ni un centímetro de luz. No había ninguna grieta», afirmó. La aparición de divisiones internas —sectores «desesperados» por negociar— sería, según la Casa Blanca, evidencia de que la estrategia presidencial está funcionando.

La fuente señala que la administración Trump reanudó los ataques tras el colapso del alto al fuego, aunque no precisa la naturaleza exacta ni el alcance de esas acciones militares.

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Conviene mirar los incentivos. Durante décadas, Teherán aprendió que la retórica de Washington rara vez se traducía en costos reales. La novedad que Miller describe —fisuras internas, urgencia negociadora— sugiere que esa ecuación ha cambiado, al menos en el margen. El dato importa más que el ruido: si sectores del régimen buscan activamente un acuerdo, la presión sostenida tiene rendimientos que la diplomacia sola nunca produjo.

Lo que está en juego es un principio elemental del orden internacional: los acuerdos deben cumplirse o las consecuencias deben ser reales. La administración Trump, guste o no su método, ha reinstalado esa lógica en la ecuación con Irán. El calendario de decisiones —negociación, bloqueo o escalada adicional— determinará si la grieta se convierte en apertura o en implosión.

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