Lee Jae Myung, presidente de Corea, dejó México tras una visita oficial en la que se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y acordó el Plan de Acción 2026-2030.
El mandatario coreano informó en sus redes sociales su salida del territorio mexicano, acompañado por su esposa Kim Hea Kyung y por la subsecretaria de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Teresa Mercado.
Además de su encuentro con Sheinbaum y de su asistencia al Senado de la República, Lee Jae Myung acudió a la Expo K-Pop México en el Pepsi Center de la Ciudad de México. Ahí, él y la primera dama escucharon música de su país y vieron bailes de exhibición.
«Siento que los lazos entre México y Corea del Sur se están fortaleciendo», expresó en la Expo. Kim Hea Kyung, por su parte, instó a descubrir la comida saludable que hay en su país, así como los cosméticos.
La visita ocurre en un momento en que México y Corea modernizan su acuerdo de protección de inversiones y plantean proyectos sobre inteligencia artificial y la industria aeroespacial. Conviene mirar los incentivos: cuando dos gobiernos hablan de inversión, tecnología y cooperación económica, el tema de fondo no es la foto diplomática sino las condiciones para que la libre empresa encuentre certidumbre.
El dato importa más que el ruido. Si el Plan de Acción 2026-2030 termina traduciéndose en reglas más claras y en más intercambio económico, habrá beneficiados concretos. Si queda en una agenda ceremonial, el aparato estatal habrá sumado otro compromiso sin efectos visibles para el contribuyente ni para las empresas que necesitan previsibilidad.
Para México, el valor está en abrir espacios a la inversión y a la innovación sin perder de vista la seguridad jurídica. En esa balanza se juega más que una visita oficial: se juega la capacidad del país para atraer capital, competir en sectores de alto valor y convertir la diplomacia en prosperidad tangible.



