El secretario de Relaciones Exteriores de México, Roberto Velasco Álvarez, sostuvo en Beijing una reunión de trabajo con el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, en el marco de una visita oficial. Según el comunicado difundido por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), ambos funcionarios reiteraron «la voluntad» de mantener una relación constructiva y de «identificar nuevas oportunidades de colaboración».
Velasco planteó dar continuidad al Mecanismo de Consultas Políticas bilaterales entre cancillerías para trazar una ruta de trabajo conjunta en los próximos años. El canciller mexicano recordó que México votó en 1971 a favor de la Resolución 2758 de la Asamblea General de la ONU y resaltó que desde entonces mantiene su adhesión al principio de una sola China, un posicionamiento que Beijing exige como condición de facto para cualquier vínculo diplomático o comercial con el país asiático.
El comunicado enumera ámbitos donde se buscará avanzar «mediante programas concretos»: salud, educación, ciencia, innovación, medio ambiente y desarrollo rural. También se mencionó la cooperación en becas e intercambio académico como «pilares históricos» de la relación. En el plano multilateral, Velasco destacó la interlocución en el G20 y en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), cuya cumbre de líderes se celebrará en noviembre en Shenzhen bajo anfitrionía china.
El único dato verificable y cuantificado de todo el encuentro corresponde al terreno cultural: la exposición «On Top of the World Tree: Ancient Civilizations of the Americas», exhibida en el Museo de Shanghái desde el 8 de julio, reúne cerca de 3 mil piezas arqueológicas y artísticas mexicanas y ha recibido más de 200 mil visitantes.
A la reunión asistieron, por la parte mexicana, el embajador en China Jesús Seade Juri, el jefe de la Unidad de Proyección para la Diplomacia Política Exterior de la SRE, Efraín Guadarrama Pérez, y Sergio Kwiatek, encargado de Asuntos Políticos de la Embajada. Por China participaron el ministro asistente de Relaciones Exteriores, Cai Wei, el director general para América Latina y el Caribe, Zhang Run, y el director general adjunto para la región, Sun Yi.
Velasco resumió el espíritu del encuentro con la fórmula de que «México es amigo de todo el mundo» y busca «cooperación, diálogo y entendimiento con todas las naciones», basado en principios de respeto a la soberanía, igualdad entre Estados y no intervención.
Conviene mirar los incentivos detrás del lenguaje. El comunicado oficial está construido casi enteramente sobre verbos de intención —reiterar, expresar interés, dar continuidad, fortalecer— y no sobre compromisos verificables: no hay cifras de comercio bilateral, montos de inversión anunciados, ni calendario de firmas. La única cifra dura de todo el encuentro corresponde a una muestra arqueológica, no a un acuerdo económico.
Esto no es un dato menor para un país que depende de la certeza jurídica y de reglas claras para atraer capital. La diplomacia de gestos —fotos, comunicados, reafirmaciones de principios ya conocidos como el de una sola China— tiene un costo de oportunidad cuando no se traduce en garantías de propiedad, reciprocidad comercial o mecanismos de resolución de disputas con un socio que no comparte el marco institucional occidental. El dato importa más que el ruido, y en este caso el dato es la ausencia de compromisos cuantificables. La historia sugiere cautela ante relaciones bilaterales que se miden en comunicados y no en contratos.

