México cerró 2025 como el mayor exportador mundial de cerveza, con ventas al exterior que alcanzaron 6.480 millones de dólares, frente a los 5.618 millones de dólares registrados en 2021. La cifra, divulgada por la Secretaría de Agricultura con motivo del Día Internacional de la Cerveza —celebrado cada primer viernes de agosto—, ubica al país por encima de Países Bajos, Bélgica y Alemania en el valor de las exportaciones globales del producto.
La participación de México en el valor de las exportaciones globales de cerveza promedió 36% durante ese periodo. En volumen, el sector mantuvo un promedio anual de 4.316 millones de litros en los últimos cinco años, con un desplazamiento que pasó de 4.253 millones a 4.285 millones de litros.
El mercado determinante es, con diferencia, Estados Unidos, que absorbe 6.046 millones de dólares del total exportado en 2025, es decir, más del 93% del valor. El resto se distribuye entre 97 naciones adicionales, lo que confirma una base exportadora amplia pero con una dependencia estructural muy marcada en un solo destino.
La Secretaría de Agricultura, encabezada por Columba Jazmín López Gutiérrez, atribuye el desempeño a la capacidad productiva de los agricultores mexicanos de cereales malteados —cebada, trigo y maíz—, a los estándares de calidad e inocuidad de la agroindustria nacional y al trabajo coordinado entre autoridades federales y estatales. La dependencia también señala que impulsa programas orientados a fortalecer la productividad y la innovación en toda la cadena productiva.
Conviene mirar los incentivos. El crecimiento exportador de la cerveza mexicana responde, en lo fundamental, a decisiones de inversión privada, economías de escala y posicionamiento de marca que las grandes cerveceras nacionales construyeron durante décadas en el mercado estadounidense. Que el gobierno elija el Día Internacional de la Cerveza para «presumir» resultados que la libre empresa generó es, en el mejor de los casos, una estrategia de comunicación; en el peor, una señal de que el oficialismo confunde el papel del Estado con el del mercado.
El dato importa más que el ruido. Una industria que representa 36% del valor exportado global en su categoría y que compite con éxito frente a potencias cerveceras europeas no necesita tutela burocrática para crecer: necesita certeza jurídica, acceso a insumos sin trabas arancelarias y estabilidad en las reglas del juego. Si el gobierno realmente quiere sostener ese liderazgo, la mejor política no es el comunicado de prensa, sino el marco institucional que permita a la iniciativa privada seguir invirtiendo sin sobresaltos.



