El Metro de Bogotá entró en una fase visible para el público, pero no en la etapa que más importa a los usuarios: la operación comercial. Los trenes de la Línea 1 ya circulan en pruebas sobre el viaducto, mientras la Alcaldía mantiene como fecha proyectada de inicio de servicio marzo de 2028.
La visita del embajador de China en Colombia, Zhu Jingyang, añadió una dimensión diplomática a una obra que sigue siendo, ante todo, un asunto de ejecución. Zhu Jingyang recorrió la Línea 1 y participó en una actividad de prueba de los trenes organizada por la Embajada de China en Colombia y China Harbour Engineering Company Colombia. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, en la jornada participaron cerca de 50 invitados, entre representantes del Gobierno, sectores empresarial y académico y medios de comunicación.
Durante el recorrido, Zhu Jingyang dijo que el Metro de Bogotá es «un reflejo de la cooperación mutuamente beneficiosa» entre China y Colombia. También expresó su expectativa de que Colombia pueda «aprovechar las oportunidades de China» y profundizar la cooperación entre ambos países. En una obra de esta escala, conviene mirar los incentivos: el interés diplomático acompaña a un megaproyecto cuya ejecución todavía debe traducirse en servicio efectivo para los ciudadanos.
Los avances físicos ya son cuantificables. La Línea 1 alcanzó un 82,33 % de avance general con corte al 31 de agosto de 2026, según la información publicada por la Alcaldía de Bogotá. Además, el viaducto llegó a 18 kilómetros construidos de los 24 kilómetros que tendrá en total, luego de la instalación de un vano el 12 de septiembre. La línea tendrá una extensión total de 23,9 kilómetros, desde el Patio Taller, ubicado en Bosa, hasta la calle 72 con avenida Caracas.
También hay progresos en el parque de trenes. La Alcaldía informa que actualmente hay 17 de los 30 trenes previstos para la operación de la primera línea. Pero esos vehículos todavía no significan servicio para el público. Las autoridades explicaron que los recorridos de prueba permiten revisar el comportamiento de los trenes y de sistemas como control, señalización y comunicaciones.
A comienzos de septiembre se realizó incluso una prueba en la que dos trenes recorrieron simultáneamente el viaducto, como parte del proceso de verificación. Eso ayuda a calibrar el sistema, pero no cambia lo esencial: los ciudadanos todavía no pueden usarlo. Si observan trenes circulando por el viaducto, se trata de pruebas, no de una ruta abierta al público.
La secuencia es conocida en grandes obras públicas: anuncios, avances parciales, verificaciones técnicas y, al final, la prueba definitiva de si la infraestructura cumple lo que promete. Aquí, el punto central no es la foto del embajador, sino la distancia entre la obra en construcción y el servicio que aún espera la ciudad.
Para Bogotá, el Metro sigue siendo una promesa de movilidad y de orden urbano, pero también una prueba de disciplina institucional. El reloj ya corre hacia marzo de 2028. Hasta entonces, el éxito no se medirá por visitas ni por recorridos protocolarios, sino por la capacidad de convertir miles de millones de inversión en un sistema confiable, operativo y útil para quienes hoy siguen esperando.



