La Casa Blanca publicó memos del FBI previamente clasificados que documentan la apertura de una investigación de contrainteligencia en mayo de 2017, días después de que el presidente Donald Trump despidiera al entonces director del buró, James Comey.
La operación, denominada «Oxferd Comma» —con una ortografía que los propios documentos no explican—, buscaba determinar si Trump estaba «dirigido, controlado y/o coordinaba actividades con la Federación Rusa de una manera que constituía una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos y/o una violación de estatutos penales federales», según un memo interno del 16 de mayo de 2017 citado en la divulgación oficial.
El mismo documento añadía que la investigación también buscaría establecer si Trump y otras personas «obstruyeron y/o conspiraron para obstruir» cualquier pesquisa relacionada del FBI.
El contexto inmediato era la llamada «Crossfire Hurricane», investigación que el propio Comey había puesto en marcha en julio de 2016 tras recibir información de que el asesor de campaña de Trump, George Papadopoulos, habría sugerido que Rusia poseía información comprometedora sobre Hillary Clinton.
Comey, designado director del FBI por el entonces presidente Barack Obama, ocupó el cargo entre 2013 y 2017. También dirigió la investigación sobre el uso de servidores privados de correo electrónico por parte de Clinton, y envió una carta al Congreso días antes de las elecciones de 2016 informando que el FBI había hallado mensajes que «parecen pertinentes».
Tras el despido de Comey, el fiscal general adjunto Rod Rosenstein nombró a Robert Mueller como fiscal especial para tomar el control y ampliar la investigación existente. Mueller concluyó en abril de 2019 que el gobierno ruso buscó influir en las elecciones a través de una campaña de desinformación en redes sociales y mediante el hackeo y la filtración de correos del Partido Demócrata. Su informe estableció, sin embargo, que la investigación «no determinó que miembros de la campaña de Trump conspiraron o coordinaron» con Rusia.
La divulgación de estos memos llega en un momento en que Trump ha calificado públicamente a Comey de «policía sucio» y «hombre corrupto», en medio de un proceso judicial separado relacionado con una publicación en redes sociales.
Lo que importa más allá del ruido. Conviene mirar los incentivos. La decisión de abrir una investigación de contrainteligencia contra un presidente en funciones —basada en el despido de su propio director del FBI— representa uno de los episodios más delicados en la historia reciente del aparato de seguridad estadounidense. El dato central es que el buró trató la decisión ejecutiva de un presidente electo como posible evidencia de traición, sin que el informe Mueller confirmara después esa hipótesis.
La desclasificación de estos documentos alimentará el debate sobre los límites del poder de las agencias de inteligencia frente al ejecutivo democráticamente elegido. Para quienes defienden el gobierno limitado y la rendición de cuentas institucional, la pregunta no es solo qué hizo Trump, sino qué controles fallaron para que una investigación de tal magnitud se abriera y condujera sin que el Congreso ni el público lo supieran. La historia sugiere cautela: los aparatos de seguridad, cuando operan en la sombra, rara vez se equivocan a favor de la libertad.



