El Mando Central del Ejército de Estados Unidos (CENTCOM) anunció este jueves que Marines de la 11.ª Unidad Expedicionaria abordaron el buque petrolero M/T Wen Yao en el golfo de Omán con el objetivo de «verificar» que no infringía el bloqueo naval impuesto por la Armada estadounidense contra los puertos y costas de Irán.
El operativo se produce pese al acuerdo preliminar alcanzado entre Washington y Teherán a mediados de junio, que no ha detenido la presión militar norteamericana sobre las rutas de exportación de petróleo iraní. Según CENTCOM, las fuerzas navales han desviado ya «tres buques mercantes que intentaban burlar» el bloqueo, han «inutilizado uno que no cumplió con las órdenes» y han abordado otro para garantizar su pleno cumplimiento.
«El estrecho de Ormuz y las aguas circundantes siguen siendo libres y abiertas, salvo para los buques que intentan violar el bloqueo de muro de acero de Estados Unidos», declaró el organismo castrense.
El M/T Wen Yao tenía como destino declarado Salalá, Omán. Fue sancionado en noviembre de 2024 por el Departamento del Tesoro junto a más de una veintena de navíos y 16 empresas, descritos en conjunto como «una parte significativa de la flota fantasma de petroleros y de los operadores ilícitos que transportan las exportaciones de petróleo del régimen iraní». La designación se vinculó expresamente a un «ataque perpetrado por Irán contra Israel el 1 de octubre» de ese año, calificado entonces como el segundo ataque directo de Teherán contra Israel en 2024.
El historial de banderas del buque ilustra la naturaleza de estas operaciones: el M/T Wen Yao ha portado pabellones de Curaçao, Liberia, Panamá, San Marino e Islas Cook. La acción del Tesoro buscaba, según la nota oficial, «limitar la capacidad de la República Islámica de Irán para obtener ingresos energéticos cruciales para socavar la estabilidad en la región y atacar a los socios y aliados de Estados Unidos».
Conviene mirar los incentivos. El bloqueo naval no es un gesto simbólico: es una herramienta de presión económica directa sobre los ingresos del régimen de Teherán, cuya principal fuente de divisas sigue siendo la exportación de hidrocarburos. Cada buque desviado o inmovilizado representa un cargamento que no llega a destino y, por tanto, ingresos que no financian la proyección de poder iraní en la región.
El dato importa más que el ruido diplomático. La existencia de un acuerdo preliminar entre ambas capitales no ha suspendido las operaciones de la Armada estadounidense, lo que sugiere que Washington mantiene la presión militar como palanca negociadora mientras avanza cualquier proceso de diálogo. Para los aliados regionales —Israel incluido— esa coherencia entre el discurso y la acción sobre el terreno es exactamente lo que diferencia una política exterior creíble de una declaración vacía. La historia sugiere cautela ante los acuerdos con Teherán; el bloqueo de acero, por ahora, habla más alto que los comunicados.

