Marelbys Meza, exniñera de Laura Sarabia, aseguró que no fue la primera vez que la sometían a un polígrafo. Según su relato, años antes, Adelina Guerrero Covo, esposa del exministro del Interior Armando Benedetti, habría ordenado una prueba similar en la vivienda de la pareja.
La versión de Meza añade una capa más a un caso ya cargado de fricciones entre poder político, fuerza pública y trato a empleados domésticos. La investigación que involucra a Sarabia surgió por unos hechos ocurridos en enero de 2023, cuando se reportó un presunto hurto en su apartamento.
La Fiscalía reveló que todo sucedió el día 28, luego de que Meza supuestamente recibiera una bolsa negra con dinero y documentos que ella misma había enviado antes de salir de viaje. El ente acusador dijo que Sarabia envió esa bolsa antes de volar a Cali. La debía recibir su esposo, Andrés Parra, pero al no encontrarse en el apartamento fue entregada a la empleada.
Un día después, la funcionaria le pidió a Parra que buscara la bolsa, pero este no logró ubicarla. Entonces, según la Fiscalía, Sarabia contactó al general Carlos Alberto Feria, jefe de la Casa Militar de la Presidencia, para adelantar labores investigativas y realizar la prueba de polígrafo a Meza.
Meza dijo a La FM que habló con Sarabia después de que le tomaran huellas y le hicieran una declaración. En ese momento, dijo que preguntó qué debía hacer y si podía regresar a su casa. La respuesta habría sido que se fuera y esperara la cita del polígrafo.
La exniñera agregó que al día siguiente un integrante de la Policía la contactó para indicarle la hora del examen, quién la recogería y los requisitos para ingresar. También afirmó que un vehículo llegó hasta su vivienda para trasladarla, lo que la hizo sentir sin posibilidad de negarse.
«Cuando a usted le ponen un carro en la puerta de su casa, usted o va o va», dijo. Añadió que durante la prueba le hicieron preguntas sobre su familia y le dijeron que sería enviada a prisión, además de que estarían investigando la vida de sus seres cercanos.
Sobre el episodio previo, Meza sostuvo que la esposa de Benedetti habría mandado a hacer un polígrafo a los empleados de la vivienda cuando se perdió una blusa de marca traída del exterior. Entre esos empleados estaba ella. «El primer polígrafo lo mandó a hacer la señora Adelina, pero particular, por una blusa que se le había perdido, que compró en Estados Unidos, y la blusa apareció. La tenía la señora que planchaba», narró.
Luego añadió: «A todos en la casa nos pusieron el polígrafo porque era una blusa costosa, de marca».
El dato importa más que el ruido: el caso ya no gira solo alrededor de una bolsa desaparecida y una prueba cuestionada, sino de una cultura de control que alcanza a personal doméstico y a los círculos más próximos del poder. Conviene mirar los incentivos. Cuando el aparato estatal o figuras con influencia usan herramientas extraordinarias para resolver problemas privados, el costo institucional termina pagándolo la confianza pública.
También hay un principio más simple en juego: el respeto a la dignidad de quienes trabajan en casas ajenas. Si los hechos narrados por Meza y los que ha revelado la Fiscalía se sostienen, el episodio no habla de eficiencia ni de orden, sino de abuso de poder y de una frontera demasiado tenue entre lo personal y lo público.



