El precio de la electricidad en España el martes 21 de julio alcanza su punto más alto entre las 22:00 y las 23:00 horas, con una tarifa de 176.67 euros por megavatio hora, según los datos publicados por Infobae con información del mercado mayorista. El mínimo del día se registra en la franja de las 14:00 a las 16:00 horas, donde la tarifa desciende hasta 82.97 euros por megavatio hora, poco menos de la mitad del pico nocturno.
La curva del día describe un patrón en forma de «U» invertida con dos valles. El primero y más pronunciado ocurre en las horas centrales: de las 10:00 en adelante, el precio cae desde 158.84 €/MWh hasta los mínimos de mediodía, para luego recuperarse con fuerza a partir de las 18:00. El segundo repunte nocturno —de 20:00 a 24:00— mantiene tarifas superiores a 158 €/MWh en todos sus tramos, con el máximo absoluto en la franja de las 22:00.
En términos concretos, un hogar que concentre su consumo entre las 13:00 y las 16:00 horas pagará tarifas de entre 82.97 y 85.10 €/MWh. Quien no pueda desplazar su demanda —electrodomésticos, calefacción, cocina— y consuma en las franjas nocturnas de mayor precio se enfrenta a tarifas más del doble. La diferencia entre el mínimo y el máximo del día supera los 93 euros por megavatio hora.
El mercado eléctrico español opera bajo el sistema marginalista, en el que el precio lo fija la tecnología más cara necesaria para cubrir la demanda en cada hora. Ese diseño, defendido por Bruselas como mecanismo de señal de precios, traslada al consumidor final la volatilidad de los combustibles y la intermitencia de las renovables sin amortiguación efectiva.
Conviene mirar los incentivos. Un mercado que penaliza el consumo nocturno con tarifas de 176 €/MWh mientras el mediodía solar ofrece 83 €/MWh está enviando una señal de precio genuina: desplaza la demanda hacia las horas de mayor generación fotovoltaica. El problema es que la mayoría de los hogares y pequeñas empresas carece de flexibilidad real para reorganizar su actividad en torno al calendario solar. La carga recae, como casi siempre, sobre quienes menos margen tienen para adaptarse.
El dato importa más que el ruido. La volatilidad horaria no es un defecto técnico del sistema; es la consecuencia directa de un modelo de mercado que combina una fuerte penetración renovable —cuya generación no se puede programar con precisión— con una regulación que desincentiva el almacenamiento y la gestión de la demanda. Mientras la política energética española priorice los objetivos de descarbonización sobre la estabilidad tarifaria para el consumidor, las oscilaciones de más de 90 euros en un mismo día serán la norma, no la excepción. La libre empresa resuelve este tipo de fricciones cuando se le permite innovar en almacenamiento y contratos a plazo; la burocracia regulatoria, en cambio, tiende a fijar el problema en el tiempo.


