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Luján acelera el cierre de un modelo de cautiverio y abre la puerta a un santuario

Treinta felinos ya viven en recintos amplios en Sudáfrica y Estados Unidos, mientras en el exzoológico de Luján aún quedan 30 tigres y leones. Four Paws ya inició trámites para montar un santuario en la Argentina.
Imagen generada con IA
Las Américaslunes 12 de octubre de 2026

Treinta grandes felinos que habían nacido en cautiverio en el exzoológico de Luján cambiaron de vida tras ser trasladados a dos santuarios por la organización Four Paws. Quince llegaron en agosto a Lionsrock, en Sudáfrica, y otros quince al Wild Animal Sanctuary, en Denver, Colorado, Estados Unidos.

La entidad, de origen austríaco, firmó hace un año un acuerdo con la Subsecretaría de Ambiente de la Nación y los dueños del predio, con la colaboración de Fundación Zorba, para hacerse cargo de los 60 tigres y leones que quedaban en el lugar para 2025. También asumió la responsabilidad sobre dos osos que vivían en el predio, y que ya viajaron a un santuario en Belitsa, Bulgaria.

En ambos santuarios, los felinos viven en grandes recintos con hábitats naturales o similares a los de su vida en la naturaleza. Los traslados se hicieron de manera gradual: primero ingresaron a espacios más pequeños para chequearlos, alimentarlos y verificar su adaptación, y luego pasaron a superficies más amplias, en compañía de los animales con los que habían convivido en Luján.

Four Paws explicó que el objetivo de un santuario es que los animales no se reproduzcan en cautiverio y que cada uno sea el último de su familia. También indicó que la adaptación de estos ejemplares es lenta porque nacieron en cautiverio y fueron criados en contacto permanente con humanos.

En Lionsrock, que tiene 1200 hectáreas, 60 fueron divididas en recintos y alojan a 95 grandes felinos, incluidos los oriundos de la Argentina. Entre los ya instalados en sus hábitats definitivos figuran los tigres Benjamín y Negus, y los leones Joe, Scar, Lionel y Stanley. También viven juntos las tigresas Valentine, Amora, Nyra, Kimi y Moko, y las leonas Brinn y Bella, que tienen problemas físicos.

En el santuario de Denver, diez de los quince felinos ya viven en sus recintos definitivos y cinco permanecen en espacios más reducidos. Allí ya están, entre otros, los tigres Shelby, Satine, Patrick, Liam y Tomás, y los leones Toby, Mordelon, Cash y Tango. Todavía esperan por su liberación completa los tigres Horus y Segundo, y las leonas Lucy, Kalu y Kaila.

En el predio de Luján quedan todavía 30 tigres y leones, además de algunos guacamayos, dos cebras, un mono cai, una madre camello con su cría de un año y el chimpancé Yoni, de 57 años. Four Paws ya chequeó y esterilizó a los felinos, asumió los gastos del lugar y el pago de los salarios de los empleados.

Luego de la partida de más de la mitad de los ejemplares incluidos en el acuerdo, una parte del terreno fue devuelta a sus originales propietarios. El terreno total era de aproximadamente 30 hectáreas y estaba alquilado.

Ahora ya empezaron los trámites para crear un santuario en la Argentina, que no solo pueda alojar a los felinos que todavía están en Luján, sino también recibir otros animales rescatados de todo el país.

Conviene mirar los incentivos: cuando una instalación basada en cautiverio empieza a vaciarse, lo que queda expuesto no es solo un predio, sino un modelo de manejo animal que depende de recursos, supervisión y responsabilidad sostenida. La transición hacia santuarios más amplios sugiere una salida más ordenada para los animales y menos espacio para la improvisación.

El dato importa más que el ruido. Si el nuevo santuario en la Argentina llega a concretarse, el desenlace no será solo una mejora para estos felinos; también marcará un precedente sobre cómo deben resolverse estos casos sin descargar el costo sobre el dinero de los contribuyentes ni sobre instalaciones que ya no pueden justificar su existencia.

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