El Secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, la embajadora francesa Delphine Borione y la directora general de Lotería Nacional, Olivia Salomón, encabezaron el 15 de julio la presentación del billete conmemorativo del Sorteo Mayor No. 4023, dedicado al Bicentenario de las Relaciones Diplomáticas entre México y Francia.
El acto se celebró en el marco del Día Nacional de Francia. Velasco evocó al escritor Octavio Paz, quien vivió en París entre 1945 y 1951 y describió aquellos años como la experiencia de habitar «una patria sin pasaporte». La embajadora Borione afirmó que el billete es «testimonio de la relación de amistad y de confianza entre Francia y México».
El sorteo se realizará el martes 4 de agosto de 2026. El Premio Mayor asciende a 21 millones de pesos en tres series, con una bolsa repartible total de 66 millones de pesos. Se emitieron 3 millones 600 mil cachitos que, según Salomón, estarán disponibles con la fuerza de ventas, en puntos autorizados y en miloteria.mx. La transmisión será en vivo por el canal de YouTube institucional Sorteos Tradicionales de la Lotería Nacional.
El diseño del billete incluye imágenes de la Torre Eiffel, el Museo del Louvre y la Catedral de Notre-Dame. Salomón describió la emisión como «un símbolo de amistad, memoria y futuro compartido» y señaló que refleja «el compromiso de México con una política exterior humanista» del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El dato importa más que el ruido. Lo que se presenta como un gesto cultural es, en su estructura, una operación comercial de la Lotería Nacional, empresa pública financiada y operada con recursos del Estado. La bolsa repartible de 66 millones de pesos proviene de la venta masiva de cachitos a ciudadanos comunes; el margen que retiene el organismo —como en todo sorteo de lotería estatal— no se destina al comprador sino al aparato burocrático que lo administra.
Conviene mirar los incentivos. El bicentenario diplomático merece reconocimiento: dos siglos de intercambio cultural, comercial e intelectual entre México y Francia constituyen un activo real. Pero instrumentar esa celebración a través de una empresa del Estado, en lugar de promover, por ejemplo, acuerdos de inversión bilateral o simplificación regulatoria para empresas francesas en México, revela las prioridades del gobierno en turno: el símbolo sobre la sustancia, la liturgia institucional sobre los incentivos concretos. La historia compartida que invoca Velasco merecería un marco más ambicioso que un billete de lotería.



