Los rebeldes chiíes hutíes negaron este martes que las tropas progubernamentales del Gobierno yemení reconocido internacionalmente hayan tomado posiciones en la costa occidental del país. En su cuenta oficial de X, el portavoz militar de los rebeldes, Yahya Sarea, aseguró que sus unidades «mantienen bajo su control todos sus avances sobre el terreno».
Sarea calificó de «falsas hazañas» los anuncios del enemigo. Añadió que lo difundido por esas fuerzas no son más que «falsas hazañas para complacer a sus amos», en una referencia que no aclaró. También dijo que esos métodos son «maliciosos» y que «nuestro pueblo es consciente» de ellos, tanto en la costa occidental como en otros lugares.
La negación llega en medio de la ofensiva bautizada como «Amanecer del Yemen», iniciada hace dos días por el presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial del Yemen, Rashad al Alimi, y apoyada por la coalición capitaneada por Riad. Ayer, las tropas leales al Gobierno yemení recuperaron la zona que da acceso a Bab al Mandeb, así como a la ciudad de Moca, que estaban en manos de los hutíes el mes pasado, indicaron fuentes oficiales.
El dato importa más que el ruido: en Yemen, el control territorial en la costa occidental no es un detalle retórico, sino una variable que pesa sobre las rutas, la seguridad y la capacidad de presión de cada bando. Conviene mirar los incentivos. Cada anuncio busca fijar la percepción de ventaja antes de que la situación sobre el terreno se estabilice.
Para un país asediado por la guerra, la disputa por Bab al Mandeb y por Moca refleja algo más amplio: quién impone hechos consumados y quién intenta desmentirlos. También recuerda el costo humano y material de una guerra donde la propaganda compite con la información verificable.
La lectura es incómoda para cualquier orden que dependa de instituciones y reglas. Cuando la autoridad se fragmenta, la libre circulación de bienes y la seguridad de las rutas quedan a merced de la fuerza. Y allí siempre paga el contribuyente, el comerciante y el ciudadano común, aunque el lenguaje de la guerra intente ocultarlo.
