El sospechoso identificado como Raul Morales, de 51 años, fue arrestado tras presuntamente gritar «Allahu Akbar» mientras apuñalaba a dos hombres en el Upper West Side de Manhattan el jueves. La fiscal general de Nueva York, Letitia James, confirmó que ambas víctimas se encuentran en condición estable. Las autoridades investigan el caso como posible crimen de odio.
La respuesta de la comunidad judía no se hizo esperar. Eric Goldstein, director ejecutivo de la UJA-Federation of New York, afirmó que «cuando el alcalde de Nueva York usa repetidamente su plataforma para señalar y demonizar a Israel, el único Estado judío del mundo, y llama monstruos a quienes lo apoyan, contribuye a un clima en el que los judíos de Nueva York son cada vez más atacados e inseguros». Goldstein exigió al alcalde Zohran Mamdani que «deje de avivar las llamas del odio y la división», y advirtió que «las consecuencias no son abstractas: se están desarrollando en nuestras calles».
El rabino Yosie Levine, de The Jewish Center, añadió que «cuando funcionarios públicos reiteradamente convierten a la comunidad judía en un sustituto de las acciones del gobierno israelí, crean un clima en el que los judíos se convierten en objetivos». Levine describió un cambio generacional inquietante: «Cuando era niño, la única vez que veíamos seguridad fuera de mi sinagoga era cuando el alcalde venía a hablar. La policía estaba ahí para protegerlo a él. Hoy, cada vez que el alcalde habla, necesitamos a la policía para protegernos a nosotros». El rabino comparó la situación con «la vida judía en Europa: guardias armados, vidrios blindados y el temor constante de que la retórica de ayer se convierta en el ataque de hoy».
El alcalde Mamdani, según la fuente, remitió a declaraciones que realizó al canal NY1 el viernes, aunque su oficina no ofreció una respuesta directa a las acusaciones formuladas por los líderes judíos.
El episodio se produce en un momento de creciente tensión política en torno a Israel dentro del Partido Demócrata. Según datos recogidos por The Times of Israel, tres candidatos de la izquierda radical ganaron primarias demócratas en la ciudad de Nueva York el mes pasado, utilizando la cuestión israelí como cuña electoral frente a rivales más moderados. El propio Mamdani, descrito como antisionista, vio que el 62% de sus votantes citó «su apoyo a los derechos palestinos» como factor determinante de su voto, según una encuesta que preguntó específicamente sobre el tema.
Sin embargo, el mismo conjunto de datos ofrece una paradoja: cuando los votantes estadounidenses responden preguntas abiertas sobre sus prioridades electorales, Israel no aparece en la lista. Una encuesta Gallup de 2024 identificó como temas principales la economía, la inmigración, el aborto y la preservación de la democracia. Un sondeo de AP-NORC de finales del año pasado encontró que solo el 2% de los encuestados mencionó Israel/Palestina entre los problemas que deseaban ver atendidos en 2026.
Conviene mirar los incentivos. El alcalde Mamdani construyó su coalición sobre una retórica que, según los líderes judíos consultados, erosiona la seguridad de la comunidad más numerosa fuera de Israel. Que esa retórica rinda frutos electorales en primarias de distritos de izquierda, pero no refleje las prioridades reales del votante mediano, revela una dinámica preocupante: el radicalismo se financia con la energía de una minoría activada, mientras el costo lo paga una comunidad que lleva décadas siendo parte constitutiva del tejido de Nueva York. El dato importa más que el ruido: cuando la demagogia tiene precio, alguien siempre lo termina pagando en carne propia.



