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Lácteos y microbiota: la ciencia busca imponerse al ruido viral en las Jornadas de Nutrición de Buenos Aires

La Sociedad Argentina de Nutrición reúne especialistas para separar evidencia de moda en momentos en que las redes sociales dictan hábitos alimentarios sin respaldo clínico.
Foto: infobae.com
Ciencia y tecnologíadomingo 30 de agosto de 2026

Buenos Aires será sede, del 2 al 4 de septiembre de 2026, de las XVII Jornadas Argentinas de Nutrición y las V Jornadas de Obesidad, organizadas por la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), que este año cumple 85 años de trayectoria. El programa científico pondrá el foco en tres áreas que concentran hoy el interés de investigadores: el consumo de lácteos, la microbiota intestinal y los alimentos fermentados.

Una de las exposiciones centrales estará a cargo del Dr. Andrew Mente, de la Universidad de McMaster, en Canadá, quien revisará la evidencia científica disponible sobre el consumo de lácteos y su lugar dentro de distintos patrones de alimentación. La discusión busca superar las lecturas simplificadas —lácteos como alimento básico versus lácteos bajo sospecha— para analizarlos según la dieta total, la frecuencia de consumo y el contexto de cada persona.

La microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan el intestino, también tendrá espacio propio. Se trata de una línea de estudio en expansión que analiza su vínculo con la digestión y otros procesos del organismo, y que en los últimos años ganó terreno tanto en la investigación clínica como en la conversación pública, no siempre con el mismo rigor.

Junto a ese eje, el encuentro abordará los alimentos fermentados —yogures, kéfires y otros productos elaborados mediante procesos microbianos presentes en distintas tradiciones culinarias— y su papel en la salud, un tema que conecta hábitos cotidianos con investigación reciente.

La presidenta de la SAN, Virginia Busnelli, fue explícita sobre el problema de fondo: «La información nutricional nunca debería basarse en tendencias virales o en experiencias personales compartidas en redes sociales». Y agregó: «Cada recomendación debe apoyarse en evidencia científica y adaptarse a las características de cada persona».

Busnelli también describió el cambio de enfoque que atraviesa la disciplina: «Hoy sabemos que detrás de cada paciente existe una historia, un contexto familiar, social y emocional que influye directamente en sus decisiones y comportamiento alimentario». Y concluyó: «Nuestro desafío como profesionales es comprender esa realidad para construir estrategias que realmente puedan sostenerse en el tiempo». La agenda incluirá además nutrición clínica, salud materno-infantil, enfermedades crónicas, actividad física y nuevas tecnologías.

El dato importa más que el ruido. En un ecosistema donde algoritmos y creadores de contenido compiten por instalar dietas milagrosas y pánicos alimentarios sin sustento, que una sociedad científica con ocho décadas de historia insista en la evidencia como criterio único no es un detalle menor. La proliferación de mensajes que prometen soluciones rápidas o atribuyen efectos extraordinarios a un solo producto no es inocua: distorsiona decisiones de consumo y, con frecuencia, allana el camino para que reguladores bienintencionados propongan restricciones basadas en el miedo antes que en el dato.

La alternativa que plantean estas jornadas —individualizar la recomendación, admitir la incertidumbre científica y desconfiar de las certezas virales— coincide con un principio elemental: el consumidor informado, no el Estado ni el influencer, es quien mejor puede ponderar el costo y beneficio de lo que come. La ciencia, cuando se limita a describir evidencia sin la tentación de prescribir desde el pánico, es la mejor aliada de esa libertad de elección.

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