Representantes de la Unión Europea en Venezuela sostuvieron este martes un encuentro con Felipe Capozzolo, presidente de Fedecámaras, y Gustavo González Velutini, presidente de la Asociación Venezolana de Exportadores (Avex). La reunión giró en torno a dos ejes: el fortalecimiento del comercio y las inversiones entre la UE y Venezuela, y el rol que puede desempeñar el sector privado en la recuperación del país.
La propia delegación europea confirmó el encuentro a través de su cuenta de X. «Un gusto recibir al presidente de Fedecámaras, Felipe Capozzolo, y al presidente de la Asociación Venezolana de Exportadores (Avex), Gustavo González Velutini, para conversar cómo fortalecer el comercio y las inversiones entre la Unión Europea y Venezuela y del rol del sector privado en la recuperación del país», publicó la misión.
La señal diplomática es discreta pero significativa. Que Bruselas elija interlocutores del sector privado organizado —y no exclusivamente canales gubernamentales— indica que la UE reconoce, al menos en el plano práctico, que cualquier reactivación económica sostenible en Venezuela pasa por los incentivos del mercado y no por el aparato estatal que ha presidido el colapso de las últimas dos décadas.
Fedecámaras es la principal confederación empresarial del país y ha mantenido, con distintos grados de tensión, una relación compleja con el gobierno de Nicolás Maduro. Avex, por su parte, agrupa a exportadores venezolanos con vocación de inserción en mercados internacionales. Que ambas organizaciones compartan mesa con representantes europeos en el mismo momento sugiere una coordinación deliberada del sector privado para proyectar una imagen unificada ante potenciales socios comerciales.
Conviene mirar los incentivos. Para la UE, Venezuela representa un mercado deprimido pero con activos energéticos y agroindustriales de largo plazo. Para el empresariado venezolano, el vínculo con Bruselas ofrece algo más que contratos: ofrece visibilidad internacional y, en el margen, cierta cobertura institucional frente a un entorno regulatorio hostil. El dato importa más que el ruido: ninguna de las partes ha anunciado acuerdos concretos, pero el solo hecho de que la conversación ocurra en estos términos —centrada en comercio, inversión y rol del sector privado— marca una diferencia de enfoque respecto a la retórica estatal dominante en Caracas.
La historia sugiere cautela. Venezuela ha protagonizado ciclos anteriores de apertura parcial seguidos de retrocesos regulatorios que ahuyentaron capitales y destruyeron contratos. El entorno jurídico sigue siendo impredecible, y ninguna fuente disponible indica que las condiciones estructurales hayan cambiado de forma sustantiva.
Dicho esto, el encuentro de este martes apunta en la dirección correcta: son los actores de la libre empresa —no la burocracia— quienes deben liderar cualquier reconstrucción económica creíble. Que la UE lo entienda así, y que lo haga explícito al elegir a Fedecámaras y Avex como primeros interlocutores, es el dato relevante de la jornada. Lo que venga después dependerá de si Caracas permite que esos incentivos se materialicen o los sofoca, como ha hecho sistemáticamente, con controles, expropiaciones y discrecionalidad regulatoria.



