La Unión Europea ha reiterado que condenará la invasión rusa de Ucrania en el G20 «independientemente de quién asista», después de que Donald Trump invitara a Vladimir Putin a la próxima cumbre del grupo, prevista para diciembre en Miami.
Un portavoz comunitario dijo en Bruselas que, desde 2022, la UE ha aprovechado de forma «constante y firme» las reuniones del G20 para condenar la invasión a gran escala de Rusia y exigir su fin, y que seguirá haciéndolo sin importar quién participe en el encuentro.
El mismo portavoz recordó que Rusia sigue siendo miembro del G20 y que, por ello, tiene derecho a participar en las reuniones del foro, incluidas las de nivel ministerial y de líderes. También subrayó que el G20 es un espacio «clave» para abordar retos globales existentes y emergentes, algunos de los cuales han sido creados precisamente por la guerra de Rusia contra Ucrania.
La posición europea llega después de que Marco Rubio informara en una rueda de prensa en Nueva York que la Administración Trump había invitado a Putin a la cumbre de Miami, que se celebrará los días 14 y 15 de diciembre. Rubio dijo que Washington ve esa invitación como una «oportunidad» para mediar en el conflicto en Ucrania y añadió que el Gobierno estadounidense también se había puesto en contacto con «otros líderes mundiales».
El portavoz comunitario afirmó además que Rusia «está aumentando los ataques» contra civiles ucranianos y que julio y agosto fueron «los más mortíferos» desde el inicio del conflicto. Esa referencia da contexto al endurecimiento del mensaje europeo: para Bruselas, el debate no es solo diplomático, sino también moral y político.
Conviene mirar los incentivos. Si el G20 pretende seguir siendo un foro útil, sus miembros no pueden convertirlo en una vitrina de normalización para una guerra de invasión que la UE describe sin matices como un ataque a gran escala. La diplomacia sirve cuando presiona hacia el fin del conflicto; se vacía de contenido cuando premia al agresor con una foto y un asiento.
Para Europa, mantener la condena en Miami es también una forma de defender una idea de orden internacional en la que las fronteras no se redibujan por la fuerza y la impunidad no se negocia como si fuera una variable más. El dato importa más que el ruido: mientras la guerra siga escalando sobre civiles, el costo político de relativizarla será cada vez mayor para quienes pretendan presentarla como simple realismo.
