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La popularidad de Milei cae a su punto más bajo y el peronismo recalcula su regreso

Las denuncias de corrupción y la inflación que no cede abren el debate sobre 2027. El mercado ya descuenta incertidumbre en los bonos.
Imagen ilustrativa
Las Américaslunes 13 de julio de 2026

La popularidad del presidente Javier Milei se encuentra en su nivel más bajo en más de dos años, según consigna Bloomberg, y la conversación sobre las elecciones de 2027 domina las reuniones con inversores y los círculos políticos en Argentina. El dato es relevante: el hombre que llegó al poder prometiendo destruir el «casta» política enfrenta hoy acusaciones que, según sus críticos, se parecen demasiado a lo que combatía.

Las investigaciones que involucran a altos funcionarios —y que provocaron la renuncia del jefe de Gabinete Manuel Adorni en junio— se suman al renovado escrutinio sobre el papel de Milei en el escándalo de una criptomoneda meme. Como resultado, la corrupción ha desplazado a la inflación como principal preocupación de los críticos del gobierno. «Milei ya no tiene asegurada la reelección», afirmó Steven Levitsky, profesor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. «Hoy, el peronismo aparece como la alternativa más viable».

La principal promesa de Milei —derrotar la inflación— tampoco se ha cumplido plenamente. Aunque anticipó que el índice mensual caería por debajo del 1 por ciento a mitad de año, el dato continúa rondando el 3 por ciento. Los sectores con mayor generación de empleo siguen mostrando debilidad, el desempleo aumentó y los salarios reales no logran recuperarse de manera significativa.

El peronismo, sin embargo, no llega unido ni con propuesta clara. La disputa interna gira en torno a si el movimiento debe prometer revertir el programa de recortes de Milei o aceptar sus pilares —disciplina fiscal, Estado más pequeño, cumplimiento de la deuda— con un sello peronista. El principal nombre para liderar esa disputa es Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, impulsado por sus dos mandatos al frente de la provincia más poblada del país. Pero Kicillof fue ministro de Economía durante el default soberano de 2014 bajo Cristina Kirchner, lo que lo convierte en sinónimo de las políticas intervencionistas que Milei fue elegido para desmantelar.

«Si se empieza a armar un escenario de nuevo bien binario en el cual es Milei o Kicillof es malo para los bonos, porque el mercado le asigna al kirchnerismo una chance de default muy alta», señaló Iván Stambulsky, economista para América Latina de Barclays. Los mercados ya lo reflejan: los bonos soberanos en dólares con vencimiento en octubre de 2028 rinden un 7,68 por ciento, unos 354 puntos básicos más que títulos similares con vencimiento en octubre de 2027.

Ese diferencial es una prima de riesgo electoral, no un juicio sobre la economía presente. Según una encuesta de TresPuntoZero realizada en mayo, cerca del 30 por ciento de los consultados afirma que no votaría ni por Milei ni por Kicillof o está indeciso, frente a aproximadamente un 11 por ciento en 2025. Ese espacio alimenta conversaciones sobre una tercera vía que preserve la ortodoxia fiscal pero combine un Estado más activo en inversión e infraestructura. Emmanuel Álvarez Agis, fundador de la consultora PxQ y exviceministro de Economía durante la gestión de Kicillof, advirtió que para los inversores «es suicida ignorar» el eje entre emisión cero y emisión infinita.

Conviene mirar los incentivos. El ajuste de Milei produjo resultados verificables en materia fiscal y atrajo capitales que Argentina no veía desde hacía años; abandonarlo sería un error que el país ya pagó varias veces. Pero los escándalos de corrupción y la inflación que no termina de ceder son vulnerabilidades reales, no construcciones opositoras. El desafío de 2027 no es ideológico en abstracto: es si Argentina puede producir una fuerza política capaz de sostener la disciplina fiscal sin los vicios que Milei prometió erradicar y que, según sus críticos, comenzaron a reaparecer. El mercado, que descuenta estabilidad, tiene razón en vigilarlo.

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