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La ONU respalda un mapa que agranda a África; Estados Unidos vota en solitario contra la moción

La Asamblea General aprobó con 164 votos sustituir la proyección Mercator por la Equal Earth; Washington fue el único voto en contra y seis países se abstuvieron.
Imagen ilustrativa
Internacionalsábado 5 de septiembre de 2026

La Asamblea General de la ONU aprobó el viernes una resolución que alienta a gobiernos e instituciones a reemplazar la proyección Mercator, usada desde el siglo XVI, por la Equal Earth, que representa a los continentes en proporciones más fieles a su tamaño real.

La moción, impulsada por Togo y respaldada por miembros de la Unión Africana, reunió 164 votos a favor. Estados Unidos fue el único país que votó en contra. Serbia, Estonia, Georgia, Lituania, Moldavia y Ucrania se abstuvieron.

La resolución no prohíbe la Mercator ni impone la sustitución: solo «alienta» su reemplazo, según precisó la propia ONU en su reporte. En la proyección Mercator, Groenlandia y África aparecen con un tamaño similar; en la Equal Earth, que sigue la curvatura terrestre, África resulta catorce veces más grande que Groenlandia.

El canciller togolés Robert Dussey defendió la iniciativa ante la Asamblea: «Los mapas moldean nuestra comprensión del mundo. Guían la educación, alimentan la imaginación e influyen en las percepciones colectivas». Dussey agregó, según recogió la agencia AFP, que los mapas «nunca son neutrales» cuando distorsionan la imagen del planeta.

Africa No Filter, una de las organizaciones que impulsó la campaña, celebró el resultado y pidió «mapas precisos en escuelas, libros de texto, redacciones, empresas y en las plataformas digitales que usan miles de millones de personas cada día».

El canciller francés Jean-Noël Barrot respaldó el cambio en la red social X: «Cambiar el mapa obviamente no cambia el mundo. Pero corregir una representación que lo distorsiona ya es un acto de verdad».

La Mercator fue diseñada en 1569 por el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator para asistir a los navegantes europeos. Sus críticos sostienen que agranda regiones cercanas a los polos —como Norteamérica y Groenlandia— y reduce a África y Sudamérica. El geógrafo Mark Monmonier, de la Universidad de Syracuse, señaló que fuera de la navegación «no hay razón para usarla». La Equal Earth, creada en 2018, es la proyección que la resolución promueve como alternativa.

Conviene mirar los incentivos detrás del voto. La resolución es no vinculante y no obliga a ningún gobierno a nada concreto: es, ante todo, un gesto simbólico que la mayoría de la Asamblea suscribió sin costo político ni fiscal. Para las cancillerías, votar a favor cuesta poco y rinde capital diplomático frente a los países africanos, cuyo peso en foros multilaterales ha crecido.

El voto solitario de Washington en contra no equivale a defender la vieja cartografía colonial, como sugieren algunos de sus críticos: refleja más bien un escepticismo de fondo hacia la maquinaria de resoluciones simbólicas de Naciones Unidas, que consume tiempo y recursos de una institución con mandatos más urgentes —guerras activas, crisis de deuda soberana, hambrunas— pendientes de resolución. El dato importa más que el ruido: la ONU puede «alentar» un mapa, pero no puede imponerlo, y ningún país está obligado a reimprimir sus atlas.

La historia sugiere cautela ante estas victorias declarativas. Cambiar una proyección cartográfica no altera el PBI de ningún país africano, ni resuelve las barreras arancelarias, la debilidad institucional o la falta de infraestructura que sí explican brechas de desarrollo. El simbolismo es gratuito; la prosperidad, no.

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