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La ola demócrata contra Hasan Piker llega a Jon Ossoff

El senador de Georgia se suma a una lista creciente de legisladores que condenan al streamer de extrema izquierda, mientras el Partido Demócrata enfrenta un ajuste de cuentas sobre antisemitismo en sus propias filas.
Foto: foxnews.com
Estados Unidosjueves 27 de agosto de 2026

El senador Jon Ossoff, demócrata de Georgia y de origen judío, condenó públicamente la retórica del streamer de Twitch Hasan Piker, sumándose a una fila cada vez más larga de legisladores de su partido que han decidido marcar distancia.

Según declaró un portavoz de Ossoff al diario Atlanta Journal-Constitution, el senador «rechaza sin reservas la retórica temeraria y peligrosa que sugiere que el activismo político invita a la violencia contra la comunidad judía o contra cualquier otra comunidad». Ossoff agregó que «los judíos estadounidenses y todos los estadounidenses deben tener la libertad y la seguridad para expresarse y peticionar a su gobierno sin temor a represalias».

La condena responde a comentarios de Piker en un stream de la semana pasada que, según lo reportado, sugerían que los judíos estadounidenses podrían provocar violencia contra sí mismos por asociarse demasiado con el apoyo a Israel.

Piker no se quedó callado. En respuesta a Ossoff, declaró una «crisis de credibilidad» de los medios tradicionales y dio a entender que el senador forma parte de una «clase política comprada y vendida». La ironía no pasó desapercibida: Piker había elogiado antes a Ossoff como un posible «caballo negro» para la candidatura presidencial demócrata de 2028, precisamente por su historial de respaldar restricciones a las transferencias de armas a Israel, algo que —escribió el propio Piker en X— contrastaba con lo que calificó como un historial de votación «increíblemente conservador» del senador en otros temas.

Piker fue más allá y acusó a organizaciones que, según él, «se disfrazan de defensoras de la comunidad judía» en Georgia de condenar a Ossoff mientras, dijo, mantienen abierta una posible cesión de apoyo hacia el republicano Mike Collins, a quien Piker atribuyó vínculos con el nacionalismo blanco. Esa acusación proviene únicamente del propio Piker y no ha sido corroborada de forma independiente.

Ossoff no es el primero. La senadora Elissa Slotkin también salió al paso de Piker por culpar a los judíos estadounidenses que han sido blanco de ataques a causa de sus posturas sobre Israel. En Michigan, el epicentro político del episodio, la fiscal general del estado, Dana Nessel, advirtió a sus compañeros de partido que corren el riesgo de alejar al electorado judío si no toman distancia con claridad.

El asunto golpea de lleno la campaña de Abdul El-Sayed, nominado demócrata al Senado por Michigan, cuyos vínculos con la campaña de Piker han quedado bajo escrutinio. Otra legisladora demócrata de ese estado, Debbie Dingell, pidió a los periodistas que dejaran de preguntarle por Piker, un gesto que ilustra la incomodidad del bloque.

El expresidente de prensa de la Casa Blanca Ari Fleischer analizó el episodio en el programa America Reports, situándolo dentro de lo que describió como una preocupación creciente por el antisemitismo en el ala más radical de la izquierda.

El episodio expone una fractura que va más allá de un streamer polémico. Cuando figuras influyentes dentro de la coalición progresista trasladan la responsabilidad de la violencia hacia la propia comunidad que la sufre, el costo político no lo paga solo el emisor del mensaje, sino el partido entero que tolera su plataforma. La sucesión de condenas —de Ossoff a Slotkin, de Nessel a Dingell— sugiere que el Partido Demócrata percibe el riesgo electoral con más claridad que ideológica: perder al electorado judío en estados clave no es un matiz retórico, es aritmética de votos. La historia sugiere cautela con los movimientos que confunden la denuncia del poder con la exculpación de la violencia.

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