Cuando una delegación oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel aterrizó en Venezuela tras el terremoto que devastó parte del país, la sorpresa fue inmediata. Desde 2009, cuando Hugo Chávez rompió relaciones diplomáticas con el Estado israelí, el chavismo convirtió a Israel en uno de sus principales adversarios retóricos, con un discurso de permanente confrontación y abierto respaldo a la causa palestina.
Sin embargo, la emergencia alteró ese guion.
Según relató Roni Kaplan, portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel, en una entrevista concedida a La Patilla, la delegación estuvo integrada por cerca de treinta especialistas, en su mayoría ingenieros del Comando del Frente Interno y funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores israelí. Su objetivo no era únicamente el rescate de sobrevivientes —tarea ya en curso por otros organismos— sino acompañar a Venezuela en el paso de la fase de emergencia a la etapa de reconstrucción.
El equipo evaluó edificios, clasificó estructuras dañadas, elaboró mapas de riesgo y desarrolló recomendaciones técnicas para las zonas devastadas. Todas esas recomendaciones fueron entregadas formalmente a las autoridades venezolanas antes de que la delegación abandonara el país, confirmó Kaplan.
Las reuniones con las autoridades venezolanas, según el portavoz, transcurrieron con «absoluta normalidad» y el nivel de cooperación profesional fue positivo. Kaplan evitó pronunciarse sobre asuntos diplomáticos —competencia del Ministerio de Relaciones Exteriores israelí—, pero dejó claro que el trabajo conjunto funcionó durante toda la operación.
Kaplan describió la misión como la más extensa desarrollada por Israel en el ámbito humanitario internacional desde que comenzaron este tipo de despliegues en la década de los cincuenta. Entre los momentos que más lo marcaron figura el encuentro con una mujer llamada Eva, quien se acercó junto a una familiar para abrazar al equipo y les dijo que sus hijas permanecían atrapadas bajo los escombros, confiando en que Israel pudiera ayudar.
Sobre la presencia de organizaciones vinculadas a Irán en Venezuela —una preocupación geopolítica de larga data para Jerusalén—, Kaplan reconoció que Israel conoce esas inquietudes, aunque aclaró que exceden el ámbito de una misión humanitaria. «Una familia que perdió su vivienda tampoco piensa en geopolítica», señaló, según la entrevista.
Kaplan reconoció que la gran incógnita es si esta cooperación puede abrir una nueva etapa entre ambos países, aunque subrayó que cualquier decisión en materia diplomática depende exclusivamente del Gobierno israelí y de las autoridades políticas correspondientes.
Conviene mirar los incentivos. Lo ocurrido en Venezuela ilustra un principio que la retórica ideológica suele oscurecer: las instituciones que funcionan —en este caso, las capacidades técnicas y humanitarias de las Fuerzas de Defensa de Israel— generan valor independientemente del marco político en el que operen. El chavismo construyó durante años un relato de enemistad con Israel; la emergencia reveló que ese relato tenía un precio concreto para los venezolanos, quienes dependieron de la cooperación de un Estado al que su gobierno había declarado adversario.
El dato importa más que el ruido. Si Venezuela logra capitalizar las recomendaciones técnicas entregadas por la delegación israelí, el beneficio será de los ciudadanos, no del aparato que durante dos décadas les negó esa cooperación. La historia sugiere cautela sobre si las instituciones venezolanas tienen hoy la capacidad —y la voluntad— de traducir esos informes en reconstrucción real.



