El presidente Donald Trump anunció el viernes que no firmaría la 21st Century ROAD to Housing Act «en protesta» por la incapacidad del Senado de aprobar el SAVE America Act, la legislación de identificación de votantes que ha convertido en su prioridad legislativa número uno. La negativa no impidió nada: presentado formalmente al presidente el 29 de junio, el proyecto se convirtió en ley automáticamente pasada la medianoche del viernes, conforme al plazo constitucional de diez días hábiles.
La ley tuvo un respaldo parlamentario difícil de ignorar. El Senado la aprobó por 85 votos contra 5; la Cámara de Representantes, por 358 contra 2. El portavoz de la Cámara, Mike Johnson, descartó que el presidente fuera a emitir un veto de última hora.
La norma incluye decenas de disposiciones orientadas a eliminar obstáculos a la construcción de viviendas. Entre sus medidas figuran la aceleración de revisiones medioambientales para proyectos de construcción, programas de incentivos para que las comunidades edifiquen más unidades, facilidades para convertir terrenos subutilizados en vivienda residencial y límites a la compra de viviendas unifamiliares por parte de inversores institucionales que ya posean más de 350 inmuebles. Según una encuesta del Bipartisan Policy Center, el 70 por ciento de los estadounidenses apoya esa restricción a los grandes compradores institucionales.
El contexto de mercado es apremiante. El precio medio de una vivienda en Estados Unidos alcanzó un récord de 440.600 dólares en junio, mientras la tasa hipotecaria a 30 años fija se sitúa en el 6,49 por ciento. El mismo sondeo señala que el 79 por ciento de los estadounidenses considera el costo de la vivienda un asunto «extremadamente importante» o «muy importante».
La Casa Blanca había celebrado inicialmente la aprobación congressional. La secretaria de prensa Karoline Leavitt calificó el proyecto como «una de las piezas de legislación de asequibilidad habitacional más significativas de la historia de Estados Unidos» y anunció una ceremonia de firma. Menos de 24 horas después, Trump canceló el acto y condicionó su rúbrica a la aprobación del SAVE America Act, que exige prueba de ciudadanía e identificación fotográfica para votar en elecciones federales, y que no alcanzó el umbral de 60 votos para superar el filibusterismo en el Senado.
En su publicación del viernes en Truth Social, Trump instó al Senado a «TERMINAR EL FILIBUSTERISMO» para aprobar esa ley «y cada otro proyecto que los verdaderos republicanos hayan soñado». Líderes republicanos del Senado han rechazado o cuestionado esa idea.
Demócratas como la senadora Tammy Duckworth y la senadora Elizabeth Warren celebraron que la ley entrara en vigor a pesar de la postura presidencial, aunque criticaron la condición impuesta por Trump.
---
Conviene mirar los incentivos. Trump tiene razón en que la integridad del voto es un asunto legítimo; el debate sobre el filibusterismo, también. Pero condicionar la firma de una ley de vivienda —aprobada con márgenes que raramente se ven en el Congreso actual— a una disputa procedimental no relacionada no es negociación, es rehén. El resultado práctico es que la norma entró en vigor de todos modos, el presidente perdió la foto y la narrativa de «promesa cumplida», y el mercado inmobiliario sigue esperando señales claras.
Lo que la ley representa, en cambio, merece reconocimiento: incentivos a la construcción, desregulación de suelo y un freno a la acumulación de viviendas por grandes fondos institucionales son exactamente el tipo de medidas de oferta que los defensores del libre mercado han reclamado durante años. Que haya llegado sin celebración presidencial no le quita valor a los propietarios y arrendatarios que la necesitan.



