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La conspiración que culpa a Israel de la crisis migratoria en Ceuta

Figuras de la izquierda estadounidense, entre ellas el streamer Hasan Piker y el ex director de Human Rights Watch Kenneth Roth, atribuyen sin evidencia la avalancha de migrantes en la frontera española a una operación israelí.
Imagen generada con IA
Estados Unidosmartes 4 de agosto de 2026

Cincuenta mil personas cruzaron en días recientes la frontera entre Marruecos y el territorio español de Ceuta. El hecho migratorio es verificable. Lo que no tiene sustento documental alguno es la explicación que circula en ciertos círculos de la izquierda estadounidense: que Israel y Estados Unidos orquestaron el éxodo para presionar a España.

El streamer Hasan Piker, figura prominente de la DSA y activo en campañas de primarias socialistas dentro del Partido Demócrata, afirmó ante su audiencia en Twitch: «Israel and America got the Moroccan government to send like 40,000 people into Spanish administered territory». Cuando se le preguntó por el mecanismo o la evidencia, su respuesta, según la fuente, fue: «I dunno, man. It's not my damn fault».

Kenneth Roth, quien dirigió Human Rights Watch durante décadas, ofreció una versión más elaborada. Según él, España «controla ambos lados» del estrecho de Gibraltar y podría «potencialmente bloquear el acceso israelí al Atlántico», de modo similar a como Irán bloqueó el estrecho de Ormuz. De ahí, razona Roth, el supuesto interés de Jerusalén en que Marruecos controle Ceuta.

El argumento tiene un problema geográfico elemental: Gibraltar no pertenece a España, sino al Reino Unido. El estrecho no está bajo soberanía española. Además, el cierre iraní del estrecho de Ormuz ocurrió, según la fuente, como respuesta de emergencia a bombardeos intensivos de Estados Unidos e Israel; la idea de que Madrid arriesgaría una crisis internacional cerrando una vía marítima global por diferencias con Israel sobre Gaza carece, según el mismo texto, de cualquier lógica estratégica verificable.

La teoría también fue difundida, según la fuente, por la conductora de The Young Turks Ana Kasparian y el actor Javier Bardem, entre otros. La nota de origen señala que ninguna de estas versiones presenta evidencia.

El dato importa más que el ruido. Lo que ocurrió en Ceuta es una crisis migratoria con causas geopolíticas y socioeconómicas propias del Magreb y de la política exterior marroquí, no un episodio de ingeniería secreta. Atribuirlo a una conspiración israelí sin una sola prueba documental no es análisis: es el reciclaje de un patrón muy antiguo que consiste en convertir a un actor en causa universal de todo fenómeno inconveniente.

Conviene mirar los incentivos. Para ciertos operadores políticos dentro del espacio progresista estadounidense, la narrativa Israel-como-culpable tiene un rendimiento electoral y de audiencia medible. Eso explica su persistencia, no su veracidad. El problema mayor es institucional: cuando figuras con credenciales como la de Roth —quien presidió durante años una de las organizaciones de derechos humanos más influyentes del mundo— adoptan marcos conspiracionistas con errores geográficos básicos, el daño no es solo a la reputación individual. Es al estándar de evidencia que se exige antes de acusar. La historia sugiere cautela ante quienes necesitan un culpable más que una explicación.

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