Francesca Hong es, según las encuestas, la favorita para ganar la primaria demócrata a gobernadora de Wisconsin. También es la candidata que, en 2020, publicó en redes sociales que había que «cancelar» el Día de Acción de Gracias porque celebraba «el colonialismo» y era «el evento original de superpropagación que mató a indígenas y mujeres».
Esa publicación —hoy eliminada— circula de nuevo, y Hong tuvo que responder ante las cámaras de CNN. Su respuesta inicial fue ambigua: dijo que la festividad «es increíblemente dolorosa para muchas personas en nuestras comunidades» e intentó suavizar el golpe invocando su pasado como cocinera, recordando que a los 16 años preparó una comida de Thanksgiving para su comunidad y que su «experiencia en hostelería» la haría «mejor gobernadora, capaz de traer a más personas a la mesa».
Dos días después, en una entrevista con Politico, el giro fue completo. «Mi festividad favorita es Thanksgiving», declaró Hong. «No quiero cancelarla. De hecho, me encanta.» El contraste con el tuit original —escrito en el registro de la era woke, con la grafía «folx» en lugar de «folks»— difícilmente podría ser más pronunciado.
El episodio no pasó inadvertido dentro del propio Partido Demócrata. David Axelrod, veterano estratega del partido, escribió en X: «Son respuestas como estas las que llevan a muchos a pensar que si esta chef gana la primaria para gobernadora en Wisconsin, los demócratas pueden estar cocinados».
El patrón se repite con su postura sobre las fuerzas del orden. En 2020, Hong también publicó en redes sociales que «la policía existe para sostener la supremacía blanca» y que apoyaba «desfinanciar la policía como primer paso hacia su abolición». Hoy, según la fuente, afirma: «Mis opiniones solo se han fortalecido en el sentido de que me tomo en serio la seguridad pública y no aboliré la policía». La frase reconoce una evolución, pero la dirección de esa evolución —de la abolición a la seguridad pública— exige, como mínimo, una explicación que Hong no ha ofrecido con claridad.
La comparación con Zohran Mamdani, otro candidato de la DSA que también enfrentó cuestionamientos por publicaciones pasadas sobre la policía, resulta reveladora: la fuente señala que Mamdani gestionó el asunto con mayor habilidad política, mientras que Hong «tropieza mientras intenta limpiar este desastre».
El contexto partidario importa. Megan Romer, copresidenta del partido, apareció la semana pasada en Fox News y describió la plataforma de la DSA: abolir las fronteras, las prisiones y el Senado, según recoge la fuente.
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Conviene mirar los incentivos. Una candidata que en 2020 pedía cancelar una festividad nacional y abolir la policía, y que en 2026 dice amar Thanksgiving y respaldar la seguridad pública, no está describiendo una evolución ideológica: está describiendo una campaña electoral. El problema no es que las personas cambien de opinión; el problema es que el cambio se produce exactamente cuando los votos están en juego y las cámaras encendidas.
El dato importa más que el ruido. Wisconsin es un estado bisagra, y la primaria demócrata puede terminar siendo el verdadero campo de batalla. Si la línea de la DSA —fronteras abiertas, abolición de instituciones, hostilidad hacia la cultura cívica mayoritaria— se convierte en la bandera de uno de los dos grandes partidos en un estado competitivo, los votantes de la libre empresa y del orden institucional tendrán una razón adicional para no ausentarse en noviembre.



