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Kiev bajo misiles balísticos: diez muertos y sin interceptores Patriot

Ucrania agotó sus reservas de misiles para los sistemas de defensa aérea estadounidenses mientras Rusia intensifica los bombardeos sobre la capital. Zelenski pide suministros; el reloj corre.
Imagen ilustrativa
Europasábado 1 de agosto de 2026

Al menos diez personas murieron en Kiev y su región durante la madrugada del sábado. Rusia lanzó 35 misiles —27 de ellos balísticos— y 185 drones contra la capital ucraniana. Solo uno de los misiles balísticos fue interceptado.

El presidente Volodímir Zelenski explicó la razón en términos directos: «Simplemente porque no existen interceptores para el sistema Patriot». Ucrania se quedó sin munición para sus sistemas de defensa aérea de fabricación estadounidense. «Cada paquete de interceptores de misiles balísticos salva la vida de nuestra gente. Y cada noche sin ellos se producen más bajas», escribió en su canal de Telegram.

La Fiscalía General de Ucrania documentó daños en siete distritos de Kiev. Los ataques afectaron 18 edificios residenciales, una escuela, la Embajada de Lituania y diversas instalaciones de infraestructura. Siete personas murieron en el distrito de Darnytskyi. Dos más fallecieron en Solomyanskyi. Una persona adicional murió en la región de Kiev. Entre los heridos figuran cuatro niños.

No es un episodio aislado. Es el segundo bombardeo de gran magnitud contra Kiev en una semana. El jueves anterior, un ataque dejó nueve muertos, entre ellos seis integrantes de una misma familia en una localidad cercana a Kryvyi Rih.

Ucrania atribuye parcialmente el agotamiento de interceptores a una reasignación de suministros. Según Kiev, parte de esos misiles Patriot fueron redirigidos al ejército estadounidense y a sus aliados en el Golfo tras el conflicto con Irán. Mientras tanto, las fuerzas ucranianas afirman haber atacado instalaciones en tres refinerías de petróleo en la región rusa de Bashkortostán y otros objetivos vinculados al esfuerzo bélico de Moscú. Tanto Rusia como Ucrania niegan atacar deliberadamente a la población civil.

El dato importa más que el ruido. Lo que esta madrugada deja en evidencia no es solo una tragedia humanitaria. Es una ecuación de disuasión rota: sin interceptores, la defensa aérea es ornamental. Zelenski lo sabe. Sus aliados también.

Conviene mirar los incentivos. Washington enfrenta una tensión real entre sus compromisos simultáneos —el Golfo, el Indo-Pacífico, Europa del Este— y un inventario de munición que no es infinito. Cada misil Patriot tiene un destino; la pregunta es quién decide la prioridad. La respuesta a esa pregunta, más que cualquier comunicado diplomático, determinará cuántas noches como esta tendrá que soportar Kiev antes de que alguien en Moscú calcule que el costo de continuar supera el beneficio. Por ahora, el cálculo ruso apunta en la dirección contraria.

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