El congresista demócrata Ro Khanna anunció el fin de semana pasado que «colonos israelíes, portando M4 fabricados en Estados Unidos, me detuvieron a mí y a otros estadounidenses durante mi viaje a Palestina». Agregó que, cuando llegaron las FDI, estas se pusieron del lado de los colonos y prolongaron la retención.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) emitieron un comunicado público en el que afirmaron que ningún soldado detuvo a Khanna, que nadie resultó herido y que la carretera fue reabierta tras dispersar a los civiles israelíes que la bloqueaban. La demora, según la información disponible, duró aproximadamente 90 minutos.
La oficina del congresista indicó que el viaje fue financiado con fondos de campaña. Antes de iniciarse, su equipo habría comunicado a la Embajada israelí que se trataba de una visita privada, sin reuniones oficiales. Según una fuente involucrada en la planificación, Israel ofreció de todas formas encuentros con sobrevivientes del ataque terrorista del 7 de octubre y con otras personas afectadas por el conflicto; la delegación, al parecer, no los aceptó.
Bruce Pearl, ex entrenador de baloncesto de Auburn University y presidente de la US-Israel Education Association —organización que ha facilitado visitas de congresistas a Judea y Samaria—, señala en un artículo de opinión que las delegaciones serias coordinan estos recorridos con cuidado: guías y autobuses en hebreo para zonas de mayoría judía; guías y autobuses en árabe para zonas de mayoría árabe. Según Pearl, que la delegación de Khanna transitara por un área de población israelí con un único activista árabe-palestino como guía fue «una invitación al tipo exacto de confrontación que siguió».
Pearl también apunta que el personal local desconocía la presencia de la delegación hasta que intervino el Ministerio de Relaciones Exteriores. Si la delegación ingresó sin coordinación adecuada, sostiene, el Congreso merece saber quién lo autorizó. Si, en cambio, contaba con autorización plena y fue detenida de forma indebida, Khanna merecería una disculpa.
Khanna está considerando una candidatura a la Casa Blanca. Pearl sugiere que el episodio le sirve para atraer al ala más izquierdista de su partido y para desviar la atención de su respaldo a Graham Platner, candidato al Senado por Maine acusado de abuso sexual. El congresista puede tener, además, convicciones sinceras sobre lo que vio; pero, como señala Pearl, «la sinceridad no excusa la narrativa selectiva».
Lo más revelador del episodio no es la carretera ni los 90 minutos: es la velocidad asimétrica de la información. La acusación dramática contra Israel circuló de inmediato y se convirtió en narrativa aceptada antes de que se establecieran los hechos. La corrección llegó después, alcanzó a una fracción de la audiencia y difícilmente alteró la impresión pública.
Conviene mirar los incentivos. Un político en campaña que financia su viaje con fondos electorales, rechaza reunirse con víctimas del terrorismo y luego convierte una demora rural en persecución política está operando con una lógica que tiene poco que ver con la diplomacia y mucho con el ciclo de noticias. El dato importa más que el ruido: las FDI desmintieron la versión central de Khanna, y esa corrección merece el mismo espacio que la acusación original. La historia sugiere cautela ante relatos que establecen la conclusión moral antes de examinar la evidencia.



