El presidente de Chile, José Antonio Kast, recibió este viernes al embajador de China en el país, Niu Qingbao, en el Palacio de La Moneda. La reunión, que comenzó cerca de las 09:00 horas, contó también con la presencia del canciller Francisco Pérez Mackenna y se centró en la agenda bilateral entre ambas naciones.
Entre los temas abordados figuró el futuro viaje del canciller a Asia y, en particular, la participación que tendrá Kast en la Cumbre de Líderes de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). El foro, que integra a 21 economías del océano Pacífico, se celebrará en noviembre en la ciudad de Shenzhen.
El encuentro se produce en una semana de intensa actividad diplomática para Santiago. En paralelo al contacto con Beijing, el gobierno chileno ha debido gestionar las implicaciones de los aranceles de Estados Unidos, recibir al presidente de Corea del Sur y retomar las relaciones consulares con Venezuela, tres frentes que ilustran la complejidad del tablero exterior que enfrenta la nueva administración.
Más tarde, la agenda del mandatario continuó con una reunión en Palacio junto al canciller y los ministros de Defensa, Fernando Barros, y Hacienda, Jorge Quiroz.
Conviene mirar los incentivos. La presencia de Kast en APEC no es un trámite protocolar: es una señal de posicionamiento. Chile llega a Shenzhen como economía abierta, con un tratado de libre comercio vigente con China y una dependencia estructural de las exportaciones de cobre hacia el mercado asiático. En ese contexto, mantener canales directos con Beijing —sin ingenuidad estratégica, pero sin antagonismo innecesario— es una necesidad de libre mercado antes que una concesión ideológica.
El dato importa más que el ruido. La agenda exterior de Kast en esta semana revela una apuesta por la diversificación de vínculos: Estados Unidos, Corea del Sur, China y Venezuela en el mismo período. Es un equilibrio difícil, pero es precisamente el tipo de pragmatismo que los mercados y los inversores valoran en un gobierno que prioriza la estabilidad jurídica y la apertura comercial. La historia sugiere cautela respecto a cualquier dependencia excesiva de un solo socio; la diversificación, en cambio, refuerza la soberanía económica del país.



