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Kaiser atribuye a Bachelet una jugada para consolidar a la oposición y duda de su candidatura por edad

El presidente del PNL sostuvo que Michelle Bachelet podría abrir una tercera opción presidencial para ordenar al bloque opositor y dejar un sucesor. También dijo que, a sus 74 años, no está en edad para volver a competir.
Las Américasjueves 8 de octubre de 2026

Johannes Kaiser, presidente del Partido Nacional Libertario, volvió a cargar contra una eventual candidatura de Michelle Bachelet y le atribuyó una operación política de mayor alcance. En un pódcast, dijo que la exmandataria habría abierto la posibilidad de una tercera opción presidencial para consolidar a la oposición y designar un delfín.

Kaiser sostuvo que, al dejar abierta la opción de volver a La Moneda, Bachelet «va a consolidar respaldos para poder gestionar después la instalación de un Delfín». Añadió que es «una buena articuladora política» y que no le sorprendería que hiciera lo que describió como consolidar el sector, impedir que el socialismo democrático se desprenda del antidemocrático e instalar un sucesor.

El dirigente libertario también puso el foco en la edad de la expresidenta. Dijo que «en este momento tiene 74 años» y que en las próximas elecciones tendría «77, 78». A su juicio, con ese escenario es «muy complejo» pasar por encima del historial electoral y competir otra vez.

Kaiser fue más allá y afirmó que Bachelet «no está en edad para ser nuevamente candidata». Agregó que la salud de la exmandataria estaría deteriorada y que no la ve haciendo deporte ni caminatas largas, en contraste con lo que, según él, hace normalmente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. «¿Usted ha visto caminar a Trump?», comentó.

Pese a esas críticas, dijo que no le asustaría competir contra ella. Incluso afirmó que le encantaría hacerle preguntas, entre ellas por qué le dejó entrar «186.000 haitianos ilegalmente al país». Esa frase la pronunció en el marco de su rechazo a una nueva postulación de la exjefa de Estado.

En paralelo, Kaiser abordó el caso de Gabriel Zaliasnik, embajador de Chile en Israel, luego de que la Fiscalía confirmara que tiene calidad de imputado en la causa por eventuales irregularidades en nombramientos judiciales que lleva adelante la fiscal regional de Valparaíso, Claudia Perivancich. A su juicio, el Presidente José Antonio Kast no debería mantenerlo en el cargo.

«Yo creo que el Presidente de la República tiene que limitar daños», dijo, y añadió que su eventual salida «es un tema que tiene que definir el Presidente de la República con su canciller». Más tarde reconoció que, con los datos que existen actualmente, «evidentemente que yo diría que quizás sea mejor que retorne a Chile».

El líder del PNL también se refirió a la frase de la secretaria general de Renovación Nacional, Katherine Martorell, sobre «piñerizar» el gobierno de Kast ante la crisis de empleo. Calificó esa expresión de «poco feliz» y sostuvo que el segundo gobierno de Sebastián Piñera «no terminó bien».

Según Kaiser, esa administración enfrentó una intentona golpista, la pandemia y una oposición que calificó de «porquería». Pero también dijo que «perdió su eje político propio muy temprano» y que algunos que hoy se declaran piñeristas «dejaron votado» a Piñera mientras «ardía Chile de norte a sur».

Sobre el actual gobierno de Kast, Kaiser afirmó que es «de centro-derecha, y estoy siendo generoso». Atribuyó avances en materia de recorte presupuestario y administración a una línea más práctica y técnico-práctica, aunque criticó que no esté dando la batalla cultural con la misma intensidad que en campaña.

La frase importa más allá del intercambio personal. Conviene mirar los incentivos: cuando un dirigente de oposición habla de consolidar sectores, instalar sucesores y ordenar respaldos, está describiendo una disputa por hegemonía interna antes que un debate programático. En ese terreno, la política se vuelve menos una competencia de ideas que una pelea por control territorial del voto.

También hay una lección sobre el poder y la administración del conflicto. Si Kast gobierna, el costo político de sus decisiones no desaparecerá por sí solo. La historia sugiere cautela: en política, los liderazgos que evitan mostrar bandera pueden ganar tiempo, pero no siempre construyen mayoría duradera. Y sin convicciones visibles, la maquinaria estatal puede administrar, pero difícilmente entusiasma.

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