Este martes se celebró en París la segunda audiencia del juicio por el asesinato del exjugador de rugby argentino Federico Martín Aramburú, ocurrido en marzo de 2022. A raíz del inicio del proceso, el canal de televisión francés TF1 difundió imágenes de las cámaras de seguridad del local gastronómico Le Mabillon, en el barrio de Saint-Germain, que registraron los momentos previos al crimen.
Las imágenes muestran a Aramburú, de 42 años, junto a su socio y excompañero en el club Biarritz Olympique, Shaun Hegarty, intercambiando insultos con dos hombres en una mesa contigua. Según la reconstrucción del diario Le Parisien, la discusión verbal escaló: Aramburú tocó la cara de alguien en la mesa y tomó por detrás de la ropa a Le Priol, tirándolo al suelo. El enfrentamiento derivó en golpes, patadas y empujones en el boulevard, y terminó cuando personal del restaurante intervino y uno de los dos franceses mostró una pistola automática.
Más tarde, mientras Aramburú y Hegarty caminaban por el boulevard Saint-Michel de regreso a su hotel, una camioneta Jeep se les acercó por detrás. De ella bajaron dos hombres: Romain Bouvier disparó dos veces contra el argentino, impactándole en el muslo y en el costado. Cuando Aramburú cayó al piso, Loïk Le Priol tomó el arma, lo persiguió a pie y le disparó seis veces. Cinco balas le impactaron en la espalda mientras intentaba huir.
Tras el crimen, la fiscalía de París abrió una investigación por asesinato, recopiló imágenes de cámaras de seguridad y recabó testimonios de testigos. La fuente señala que el juicio comenzó contra Le Priol —de 32 años, excomando de la Marina francesa y exmiembro del grupo de ultraderecha Unión de Defensa (GUD)—, acusado de asesinato ante el Tribunal de Apelación de París. La fuente indica además que también comparecerán en el proceso Bouvier, de 34 años, por «intento de asesinato», y Lyson R., de 28 años, pareja de Le Priol, acusada de «complicidad» por haber encubierto los hechos. El veredicto está previsto para el 25 de septiembre.
El dato importa más que el ruido. Lo que estas imágenes ponen sobre la mesa no es solo la reconstrucción de una noche trágica, sino la cadena de decisiones que convirtió una riña de bar en una ejecución premeditada en la vía pública. La diferencia entre ambas cosas —el altercado y la persecución armada— es jurídicamente decisiva y moralmente inequívoca.
Conviene mirar los incentivos que estructuran este tipo de violencia: la pertenencia documentada de los acusados a grupos de ultraderecha organizados, el acceso a armas de fuego y la disposición a usarlas fuera de todo contexto de legítima defensa. El tribunal parisino tiene ante sí no solo un caso de homicidio, sino la pregunta de si las instituciones judiciales francesas son capaces de responder con la contundencia que el estado de derecho exige cuando la violencia política se disfraza de reyerta callejera.



