Italia devolvió este jueves a México un lote de 27 bienes arqueológicos y paleontológicos precolombinos recuperados en distintas operaciones contra el tráfico ilícito de patrimonio cultural, informó la agencia EFE.
La entrega se realizó en la sede de la Embajada de México en Roma. El general de brigada de los Carabineros, Antonio Petti, entregó las piezas al embajador Genaro Lozano en una ceremonia en la que también participó la directora del Instituto Cultural de México «Tina Modotti», Mónica de la Mora Kuri.
Las 27 piezas fueron recuperadas en investigaciones coordinadas por los núcleos de la unidad de Tutela del Patrimonio Cultural (TPC) de los Carabineros en Florencia, Monza, Roma, Ancona y Venecia. El general Petti señaló que todos los objetos se encuentran en excelente estado de conservación.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) catalogó los bienes como monumentos arqueológicos propiedad inalienable de la Nación. Una vez en territorio mexicano, las autoridades determinarán si los objetos se incorporan a museos nacionales o regresan a las regiones de donde fueron extraídos originalmente.
El embajador Lozano afirmó durante el acto que los objetos restituidos representan «la historia viva de México» y subrayó que su importancia trasciende cualquier valor económico. Recordó además que desde 2013 Italia ha repatriado más de 840 piezas arqueológicas mexicanas gracias a la cooperación bilateral para combatir el tráfico ilícito de bienes culturales.
Lozano también vinculó la restitución a la campaña internacional «Mi Patrimonio No Se Vende», impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Lo que importa más allá del comunicado
El dato central —27 piezas devueltas, más de 840 desde 2013— habla de una maquinaria de cooperación policial y diplomática que funciona con independencia de los ciclos políticos en Ciudad de México. Son los Carabineros italianos, el aparato judicial europeo y los acuerdos de largo plazo los que producen resultados concretos; la campaña gubernamental de turno llega después, a recoger los frutos.
Conviene mirar los incentivos. La repatriación de patrimonio cultural es uno de los pocos terrenos donde el interés nacional mexicano y la cooperación internacional se alinean sin fricciones ideológicas. El riesgo está en instrumentalizar políticamente cada restitución —convertir logros institucionales en capital de imagen para el gobierno del momento— en lugar de fortalecer los marcos legales y las capacidades del INAH que hacen posible que esas piezas, una vez en México, sean preservadas y accesibles. El patrimonio no se vende, dice la campaña. Tampoco debería usarse como moneda de relaciones públicas.



