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Italia amenaza con cerrar Schengen a España tras la crisis migratoria en Ceuta

Meloni y Tajani advierten con medidas extraordinarias mientras Madrid convoca al embajador italiano y defiende su política de regularización. La fractura entre socios europeos pone en evidencia el costo de una gestión migratoria sin consenso.
Imagen ilustrativa
Europaviernes 31 de julio de 2026

La crisis migratoria en Ceuta ha detonado una disputa diplomática entre Roma y Madrid que sacude los cimientos del espacio Schengen. El jueves 30 de julio, miles de personas —en su mayoría jóvenes marroquíes, pero también familias con mujeres y menores— cruzaron hacia la ciudad autónoma bordeando el espigón del Tarajal y flanqueando la valla fronteriza, en lo que las fuentes califican como la mayor crisis migratoria en Ceuta desde mayo de 2021.

La respuesta italiana fue inmediata. La primera ministra Giorgia Meloni convocó a los organismos competentes y anunció que su gobierno está «preparado para actuar, incluso mediante medidas extraordinarias, para defender nuestras fronteras», incluyendo la posibilidad de suspender el Acuerdo Schengen con España. «Las imágenes que llegan desde Ceuta son impactantes y demuestran, una vez más, que la inmigración ilegal descontrolada supone una amenaza real para la seguridad de las fronteras de Europa», declaró Meloni en redes sociales.

El ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani, fue aún más directo. «Estoy a favor del cierre del espacio Schengen con España», escribió, y vinculó los hechos de Ceuta con la decisión del gobierno de Pedro Sánchez de otorgar la ciudadanía española —«por tanto europea»— a más de 500.000 inmigrantes irregulares, calificándola de «profundamente errónea» y acusándola de incentivar el tráfico de seres humanos.

Madrid reaccionó con dureza. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, convocó al embajador italiano, Giuseppe Buccino Grimaldi, y calificó el mensaje de Tajani de «impropio del ministro de Exteriores de un país socio y amigo del que esperamos solidaridad europea y no demagogia partidista». El gobierno español insistió en que la crisis tiene su origen en una sentencia del Tribunal Supremo —que impide las devoluciones en caliente de quienes entren a nado en Ceuta y Melilla— y que esa resolución fue «instrumentalizada por las mafias y las organizaciones criminales». Fuentes gubernamentales aseguraron además que ninguna persona que haya cruzado en estos días puede acogerse al proceso de regularización, pues este exige acreditar residencia en España antes del 1 de enero de 2026 y cinco meses continuados de permanencia.

En paralelo, el presidente Sánchez afirmó que España y Marruecos trabajan conjuntamente para recuperar la normalidad y devolver «lo antes posible» a quienes ingresaron de forma irregular. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, viajó a Ceuta para gestionar la crisis sobre el terreno.

Conviene mirar los incentivos. La discusión sobre si la regularización masiva de 500.000 personas contribuyó o no a la oleada de Ceuta es legítima y no se zanja con una convocatoria de embajadores. Lo que sí resulta verificable es que las imágenes del Tarajal circularon por toda Europa en cuestión de horas, y que cada capital con elecciones próximas tiene razones propias para amplificar la señal. Roma no es la excepción.

El dato importa más que el ruido. Lo que está en juego no es solo la frontera sur de España, sino la credibilidad del régimen Schengen como arquitectura de libre circulación sostenible. Un espacio sin fronteras internas solo funciona si las fronteras externas se gestionan con eficacia y reglas claras. Cuando un estado miembro percibe que otro no cumple esa parte del contrato, la tentación de restaurar controles nacionales crece. La historia sugiere cautela: cada excepción al libre movimiento de personas abre una puerta que cuesta mucho volver a cerrar.

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