Israel y Líbano celebrarán del 4 al 6 de agosto en Roma una nueva ronda de conversaciones técnicas lideradas por Estados Unidos, con el objetivo de avanzar en la implementación del marco de seguridad firmado el 26 de junio entre las tres partes. Así lo confirmó un funcionario del Departamento de Estado a Europa Press el 27 de julio de 2026.
Los grupos técnicos se concentrarán, según la misma fuente, en tres ejes: ampliar el proceso de las zonas piloto en el sur de Líbano, resolver cuestiones fronterizas pendientes y sentar las bases de un acuerdo integral de paz y seguridad.
«Afrontamos estas conversaciones con un gran impulso tras la puesta en marcha con éxito de la primera zona piloto en el sur del Líbano y la productiva reunión del presidente Joseph Aoun con el presidente Donald Trump la semana pasada», señaló el funcionario del Departamento de Estado, en referencia a un encuentro celebrado en la Casa Blanca días antes de la publicación de la noticia.
Durante esa reunión, según recogió la Agencia EFE, Aoun —quien figura en las fuentes como presidente libanés en la fecha de los hechos— reclamó una retirada completa de las tropas israelíes de los territorios libaneses, calificándola de paso «esencial» para consolidar la estabilidad y permitir que el Estado libanés recupere plenamente su soberanía.
El mecanismo central del acuerdo son las denominadas zonas piloto: áreas del sur libanés contempladas en el acuerdo con Beirut para que pasen a estar bajo control de las fuerzas libanesas, con Israel retirándose de manera gradual. La primera zona piloto ya fue lanzada y la Administración estadounidense la presenta como una «oportunidad concreta» para lograr «avances reales» sobre el terreno.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos explicó en su momento que el acuerdo marco establece un «proceso claro y estructurado» para restaurar la soberanía de Líbano, desarmar a Hezbolá y desmantelar su infraestructura terrorista, además de «permitir que Israel regrese a sus fronteras una vez eliminada la amenaza para sus ciudadanos».
El principal obstáculo permanece sin moverse: la milicia chií Hezbolá ha rechazado el acuerdo y no participa en las negociaciones. Su ausencia de la mesa no neutraliza su capacidad de veto sobre el terreno, lo que convierte el desarme verificable en la variable crítica de todo el proceso.
Conviene mirar los incentivos. Washington ha apostado por el llamado Marco Trilateral como «única vía» hacia una paz duradera, y la reunión de Roma será la prueba de si ese impulso diplomático se traduce en compromisos operativos o queda en una foto de cancillería. Para Líbano, la recuperación de la autoridad estatal en el sur es también una cuestión de soberanía económica: sin control territorial verificable, la inversión y la reconstrucción seguirán bloqueadas. El dato importa más que el ruido: cada zona piloto que funcione es un argumento contra quienes, dentro y fuera del país, prefieren la parálisis al orden.

