La Cancillería de Colombia confirmó la visita de Einat Shlein, directora de la Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo de Israel (MASHAV), prevista para finales de septiembre. El objetivo declarado es reafirmar y fortalecer los lazos diplomáticos entre ambos países tras la ruptura de relaciones ordenada por el gobierno de Gustavo Petro.
Los preparativos ya están en marcha. La directora de Cooperación Internacional, Katherine Diartt Pombo, y la embajadora de Israel en Colombia, Vivian Aisen, sostuvieron un encuentro para ultimar los detalles de la agenda que Shlein adelantará durante su estadía en el país.
Según la información difundida por la Cancillería, la visita busca restablecer una relación «basada en la amistad, la solidaridad, la cooperación y el respeto mutuo». La fórmula diplomática es convencional, pero el contexto no lo es: Colombia fue uno de los pocos países de la región que llegó a romper formalmente sus relaciones con Israel, una decisión que el gobierno Petro adoptó en medio de la escalada del conflicto en Gaza y que generó fricciones con sectores empresariales, académicos y de la sociedad civil colombiana que mantenían vínculos activos con instituciones israelíes.
MASHAV es el brazo de cooperación técnica del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel. Su mandato abarca programas en agricultura, medicina, educación y gestión del agua, áreas en las que Israel ha desarrollado tecnología reconocida internacionalmente. Para Colombia, la interrupción de esos canales implicó la suspensión de intercambios que beneficiaban a instituciones públicas y privadas.
La visita de Shlein no equivale, por sí sola, al restablecimiento pleno de relaciones diplomáticas, pero representa un paso concreto hacia la normalización. El hecho de que sea la Cancillería colombiana —no una organización no gubernamental ni un actor privado— quien anuncia y coordina el encuentro indica que el Estado colombiano está dispuesto a retomar el vínculo en términos institucionales.
Conviene mirar los incentivos. La cooperación técnica israelí tiene un historial documentado de transferencia de conocimiento aplicado, especialmente en sectores donde Colombia enfrenta déficits estructurales: productividad agrícola, gestión hídrica y seguridad alimentaria. Interrumpir ese flujo por razones de política exterior ideológica tiene un costo real para los colombianos que dependen de esos programas, un costo que el gobierno Petro nunca cuantificó públicamente.
El dato importa más que el ruido. Mientras el petrismo construyó una narrativa de confrontación con Israel que le redituó capital simbólico en ciertos círculos internacionales, la realidad es que Colombia debió reconstruir puentes que ella misma quemó. La visita de la directora de MASHAV es, en ese sentido, un reconocimiento implícito de que la ruptura tuvo consecuencias prácticas que ahora es necesario reparar. El orden y la cooperación institucional no se improvisan: se acumulan durante años y se destruyen en días. Recuperarlos exige exactamente el tipo de gestión discreta y técnica que esta visita representa.



