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Oriente Medio y África

Israel fija elecciones para el 27 de octubre: fin de legislatura por primera vez en cuatro décadas

El portavoz de la coalición en la Knesset anunció que el gobierno de Netanyahu agotará el mandato, un hito sin precedentes en más de medio siglo de política israelí.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricadomingo 12 de julio de 2026

Israel celebrará elecciones el próximo 27 de octubre. El anuncio lo realizó Ofir Katz, portavoz de la coalición gubernamental en la Knesset y diputado del Likud, durante un debate sobre legislación relativa a la financiación de los partidos. La actual Knesset «completará su mandato y no será disuelta», precisó el asesor legal del parlamento, Sagit Afik, según recogió The Times of Israel.

La fecha tiene un peso histórico difícil de exagerar. De confirmarse, sería la primera vez en casi 40 años que una legislatura israelí se agota sin disolución anticipada, y el primer gobierno en completar su mandato en más de 50 años. En un sistema parlamentario tan fragmentado como el israelí, donde las coaliciones se rompen con frecuencia y las elecciones anticipadas son la norma, ese solo dato reencuadra el significado político del ciclo que cierra Netanyahu.

El panorama que dibuja la encuesta más reciente, sin embargo, anticipa una transición compleja. El partido con mayor intención de voto sería Yashar, liderado por Gadi Eisenkot, con 22 escaños proyectados. El Likud de Netanyahu quedaría en segundo lugar con 21. Los socios ultraortodoxos y religiosos de la actual coalición —Shas, Judaísmo Unido de la Torá y Poder Judío— obtendrían ocho escaños cada uno, mientras que el partido Sionismo Religioso se quedaría en cuatro.

La oposición también aparece atomizada. Juntos, de Naftali Bennett, proyecta 16 escaños; el Partido Demócrata, 10; Israel Beitenu, 9; la Lista Conjunta árabe, 6; y Raam, 4. Ningún bloque alcanza por sí solo una mayoría cómoda de 61 diputados en una cámara de 120, lo que anticipa negociaciones prolongadas tras el escrutinio.

El dato importa más que el ruido. La fragmentación que reflejan estas proyecciones no es una anomalía: es la condición estructural de la política israelí, agudizada por años de ciclos electorales cortos que impidieron a cualquier gobierno desarrollar una agenda de largo plazo. Que esta legislatura llegue a término —en medio de una guerra, de presiones externas e internas y de una coalición ideológicamente heterogénea— es, independientemente del juicio que merezca su gestión, un dato sobre la resiliencia institucional del Estado.

Conviene mirar los incentivos. Netanyahu tiene razones para preferir agotar el mandato: presentarse como el primer ministro que devolvió estabilidad institucional al país refuerza su narrativa electoral frente a una oposición dispersa. Eisenkot, por su parte, encabeza las encuestas desde una posición de outsider relativo, lo que sugiere que el electorado israelí busca renovación sin abandonar el campo de centro-derecha. La aritmética parlamentaria proyectada hace improbable un gobierno de mayoría simple; el día después del 27 de octubre podría ser tan complicado como los meses que lo precedieron.

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