Israel Katz, ministro de Defensa de Israel, ordenó este martes al Ejército «prepararse para cualquier escenario» en la Franja de Gaza ante posibles ataques de Hamás, en la víspera del tercer aniversario de los ataques del 7 de octubre de 2023.
Katz dio la instrucción a las Fuerzas de Defensa de Israel para que eleven su estado de preparación de cara a «cualquier escenario posible en Gaza», citando «información de Inteligencia sobre la intención de Hamás de lanzar ataques» contra las fuerzas israelíes desplegadas en la llamada «línea amarilla», que cubre más de la mitad de la Franja.
El ministro subrayó «la necesidad de prepararse para los peores escenarios posibles y de responder con gran fuerza a cualquier dato de Inteligencia o advertencia para evitar cualquier amenaza», según un comunicado difundido por su oficina. También advirtió que, si sus fuerzas sufrían daños, Hamás y la población de Gaza pagarían «un alto precio, uno desproporcionado».
La advertencia llega mientras continúan los ataques israelíes contra la Franja a pesar del alto el fuego pactado en octubre de 2025, que han dejado desde entonces 1.460 muertos en el enclave, según las autoridades gazatíes.
Por su parte, el Ejército de Israel anunció durante la jornada la destrucción de «una ruta subterránea de 1,5 kilómetros de largo» en el norte de la Franja de Gaza, en una zona «al este de la línea amarilla», a la que se replegaron las fuerzas israelíes al hilo del acuerdo de octubre de 2025 para aplicar la propuesta de Estados Unidos para el futuro del territorio palestino.
El Ejército recalcó que esa destrucción se enmarca en las labores de los militares para «desmantelar la infraestructura terrorista» en esa zona de Gaza, y publicó un vídeo de nueve segundos en el que se ve la voladura del túnel.
Conviene mirar los incentivos. Cuando un alto funcionario militar habla de «cualquier escenario» y enlaza su mensaje con inteligencia sobre posibles ataques, el resultado es una región todavía más expuesta a la lógica de la escalada y la represalia. En Gaza, el costo humano sigue recayendo sobre la población civil, mientras el aparato militar y político fija los términos de la seguridad.
La historia sugiere cautela. Un alto el fuego que convive con bombardeos, amenazas de «alto precio» y demolición de infraestructuras subterráneas es una tregua frágil, no una solución. El orden internacional no mejora cuando la disuasión depende de subir el precio al adversario; mejora cuando hay reglas estables, responsabilidad y un camino verificable para reducir el daño.
