Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron este domingo que su delegación de expertos del Comando de Defensa Civil continúa desplegada en Venezuela, participando en las labores de evaluación de daños y planificación de la recuperación tras los terremotos del pasado 24 de junio.
Durante la última semana, según publicó el propio organismo en la red social X, el equipo realizó inspecciones para clasificar estructuralmente las edificaciones y verificar su estabilidad. El objetivo declarado es facilitar la continuación segura de las operaciones de búsqueda, rescate y recuperación en las zonas afectadas.
Las FDI señalaron además que la misión dio inicio a la implementación del plan nacional de recuperación diseñado por especialistas del Comando de Defensa Civil de Israel. Dicho plan, elaborado por el equipo técnico israelí, fue aprobado por Delcy Rodríguez, según la misma publicación.
La delegación israelí forma parte del contingente internacional que permanece en el país apoyando las labores de asistencia y reconstrucción tras la emergencia sísmica.
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Conviene mirar los incentivos. La presencia de expertos israelíes en Venezuela no es un dato menor: Israel es reconocido internacionalmente por la capacidad operativa de su Defensa Civil, forjada en décadas de respuesta a emergencias complejas. Que un gobierno como el de Caracas haya aceptado —y que Delcy Rodríguez haya firmado— un plan de recuperación diseñado íntegramente por técnicos extranjeros sugiere que la magnitud del daño sísmico supera la capacidad de respuesta del aparato estatal venezolano.
El dato importa más que el ruido. En el corto plazo, la cooperación técnica internacional es la única vía realista para proteger a la población afectada y garantizar que las estructuras comprometidas no se conviertan en una segunda tragedia. La historia sugiere cautela, sin embargo, sobre lo que ocurre después: los planes de recuperación requieren instituciones funcionales, recursos sostenidos y transparencia en la ejecución. Ninguno de esos tres elementos ha sido una fortaleza del régimen. El verdadero examen no es el diseño del plan, sino quién lo ejecuta, con qué dinero y bajo qué rendición de cuentas.



