Una misión conjunta entre el Ministerio de Exteriores de Israel y las Fuerzas de Defensa de Israel opera sobre el terreno en Venezuela tras los terremotos que golpearon el país el 24 de junio. Así lo confirmó Roni Kaplan en declaraciones a la revista colombiana Semana. El contingente está integrado por más de 30 especialistas israelíes y, según Kaplan, «decenas de personas trabajando sobre el terreno».
Los expertos identificaron una zona de aproximadamente 35 kilómetros con daños muy severos. «Hay lugares que están prácticamente devastados», describió Kaplan, quien añadió que la misión trabaja actualmente en una estructura donde hay víctimas atrapadas en los niveles inferiores de un edificio. Junto con ingenieros locales, el equipo diseña una estrategia para retirar peso de las plantas superiores y acceder a los cuerpos sin causarles más daños.
Las tareas van más allá del rescate inmediato. Los especialistas evalúan edificaciones para determinar cuáles siguen siendo habitables y cuáles representan un riesgo, elaboran planes de reconstrucción con las autoridades locales y comparten metodologías de análisis estructural, mapeo de daños y sistemas de toma de decisiones basados en inteligencia artificial.
Kaplan subrayó que Israel acumula experiencia en este tipo de operaciones tras haber participado en misiones de ayuda en decenas de países —incluida Colombia— y tras años de evaluar estructuras dañadas por misiles lanzados contra zonas residenciales israelíes. «Toda esa experiencia acumulada, producto de la realidad geopolítica de Oriente Medio, la estamos poniendo hoy al servicio de la población venezolana», afirmó.
Sobre la duración del despliegue, Kaplan indicó que la misión prevé permanecer «al menos hasta finales de la próxima semana», aunque aclaró que la decisión final dependerá del comandante de la misión y de la evolución de las necesidades sobre el terreno.
Consultado sobre el impacto diplomático de la operación —Israel y Venezuela no mantienen relaciones normales—, Kaplan fue cauto: «Esa es una pregunta que corresponde responder principalmente a la diplomacia israelí y a las autoridades políticas». A título personal, expresó la esperanza de que la cooperación «pueda representar un nuevo comienzo», pero insistió en que la presencia israelí «no responde a consideraciones políticas».
Conviene mirar los incentivos. En un país donde el aparato estatal ha deteriorado sistemáticamente la infraestructura pública durante dos décadas, la llegada de capacidad técnica externa —con herramientas de inteligencia artificial, protocolos de clasificación estructural y experiencia operativa probada— ilustra con claridad qué ocurre cuando el Estado falla a sus ciudadanos: son actores externos, no la burocracia local, quienes cubren el vacío. La misión israelí aporta lo que el libre intercambio de conocimiento y la cooperación entre instituciones sólidas pueden ofrecer. El dato importa más que el ruido: mientras la diplomacia especula sobre un posible deshielo, son los ingenieros quienes retiran escombros.



