Irán aseguró haber alcanzado con Omán un acuerdo sobre las coordenadas geográficas para establecer rutas marítimas seguras de entrada y salida en el estrecho de Ormuz, un corredor estratégico para el comercio. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baqaei, dijo que el pacto bilateral será notificado próximamente ante las autoridades internacionales competentes, según la agencia estatal iraní IRNA.
Baqaei situó ese entendimiento como una prioridad para la República Islámica y afirmó que Irán «no ha escatimado esfuerzos», en coordinación con Omán, para restaurar la seguridad comercial en la zona. También sostuvo que la navegación en el estrecho se había visto «interrumpida por las maldades de Estados Unidos» y remarcó que la estabilidad de Ormuz es de mayor importancia para Teherán que para cualquier otra parte implicada.
En paralelo, el portavoz confirmó que las condiciones de Irán para «poner fin a la guerra impuesta en todos los frentes» y pacificar el golfo Pérsico ya fueron explicadas de manera «clara y decisiva». Añadió que el intercambio de mensajes con Washington continúa a través de intermediarios y que la respuesta iraní a las últimas propuestas estadounidenses se presentará por la misma vía diplomática.
Baqaei respondió además a las declaraciones de Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, quien afirmó que Teherán había desperdiciado varias oportunidades para cerrar un pacto. El portavoz calificó esas acusaciones como una «distorsión de los hechos históricos» que no borra «la realidad de los reiterados incumplimientos» de Washington.
También recordó la retirada unilateral estadounidense del acuerdo nuclear en 2018 y la «destrucción de los procesos diplomáticos», y responsabilizó al país norteamericano de la actual inestabilidad en la región.
Más allá de la disputa verbal, el dato central es que Teherán y Mascate buscan blindar una ruta de enorme valor comercial. Conviene mirar los incentivos: cuando un corredor marítimo concentra energía, comercio y poder militar, cualquier mecanismo de seguridad reduce costos y riesgo para las navieras, pero también deja al descubierto cuánto depende el orden internacional de acuerdos frágiles entre rivales y mediadores.
La lectura para Washington es incómoda. Si la interlocución sigue viva por canales indirectos, entonces el conflicto no está cerrado; solo se administra. Y para Irán, el mensaje es claro: la estabilidad de Ormuz vale más como palanca estratégica que como concesión diplomática. En ese equilibrio precario, la libre circulación en el estrecho no es un gesto retórico, sino una condición para que el comercio no pague el precio de la confrontación política.
