El Ejército de Irán reivindicó este viernes un ataque con drones contra lo que describió como «centros estratégicos» de Estados Unidos en Kuwait. Según un comunicado difundido por la agencia oficial Fars, los drones tuvieron como objetivo hangares de cazas, sistemas de comunicación satelital y almacenes en la base aérea Ahmed Al-Jaber, ubicada en el sur del país. El comunicado incluyó un vídeo del lanzamiento, aunque no especificó la fecha exacta del ataque.
La acción iraní se presentó como represalia a una ofensiva previa de Washington que, según Teherán, impactó contra la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, afirmó que el bombardeo golpeó una vivienda y calificó la operación de «ataque terrorista contra civiles». El estrecho de Ormuz es, según las fuentes, la vía por la que transitaba una quinta parte del petróleo comercializado por mar a nivel mundial antes del conflicto.
El Comando Central estadounidense (CENTCOM) confirmó por su parte que sus fuerzas «comenzaron a lanzar ataques contra Irán» el jueves y que la operación concluyó «con éxito». El mando explicó que la ofensiva constituyó una respuesta «a los intentos de Irán de atacar a las fuerzas de Estados Unidos desplegadas en Medio Oriente». Los objetivos declarados incluyeron decenas de instalaciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI): centros de mando, instalaciones de misiles y drones, emplazamientos de vigilancia y defensa costera, y capacidades marítimas.
El presidente Donald Trump había prometido responder con firmeza a los ataques iraníes contra posiciones estadounidenses en Jordania. «Los vamos a golpear duro. Van a recibir una paliza», declaró según la fuente.
En paralelo, el Ministerio de Defensa de Kuwait informó la víspera sobre la muerte de una persona en un ataque contra una empresa china en el norte del país, hecho que atribuyó a Irán.
En el plano financiero, el programa Recompensas por la Justicia del Departamento de Estado anunció una oferta de hasta 15 millones de dólares por información sobre redes vinculadas a la empresa Kimia Part Sivan (KIPAS), señalada como el brazo de producción de drones de la Fuerza Quds del CGRI. Las autoridades identificaron a siete presuntos altos cargos como objetivos de la búsqueda: Hasan Arambunezhad, Reza Nahabdani, Mehdi Naghneh, Hadi Zavarkai, Abolfazl Moshkani, Abbas Sartaji y Ehsan Mohaghegh. Actualmente, más de 50.000 militares estadounidenses permanecen desplegados en Oriente Medio en estado de máxima vigilancia.
El ciclo de represalias cruzadas ilustra una lógica de escalada que ninguna de las dos partes parece dispuesta a interrumpir de forma unilateral. Para Washington, la combinación de fuerza militar y presión financiera —recompensas, sanciones, identificación pública de redes— representa la apuesta por degradar la capacidad operativa iraní sin comprometer una guerra abierta de largo aliento. Conviene mirar los incentivos: cada ataque de Teherán contra infraestructura regional afecta el transporte marítimo comercial y la estabilidad de socios del Golfo que anclan inversión y suministro energético global. El dato importa más que el ruido retórico: el estrecho de Ormuz no es solo un tablero geopolítico, sino una arteria económica cuya perturbación tiene costos reales para mercados y consumidores muy lejos del conflicto.

