Irán propuso a Washington un plan de siete días para cesar las hostilidades, reabrir el estrecho de Ormuz e iniciar después conversaciones integrales sobre su programa nuclear. La oferta fue expuesta por Abás Araqchí, ministro de Asuntos Exteriores iraní, al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Araqchí dijo que la propuesta refleja los compromisos de un memorando de entendimiento acordado entre Estados Unidos e Irán en junio, aunque aquel arreglo se desmoronó rápidamente. También afirmó que Irán está listo para empezar a aplicar el plan tan pronto como Washington lo apruebe.
«Hemos presentado un plan a Estados Unidos a través de intermediarios, según el cual, si se cumplen ciertas condiciones, el estrecho de Ormuz se abriría al finalizar el séptimo día y se reanudarían las conversaciones», agregó Araqchí. Según sus palabras, «sería mejor» alcanzar un acuerdo antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, previstas para el 3 de noviembre.
La propuesta llegó al mismo tiempo que Donald Trump y Masud Pezeshkian pronunciaban sus discursos en las Naciones Unidas. Trump amenazó a Irán con la «aniquilación» si no llegaba a un acuerdo. Pezeshkian dijo que su país no se dejaría intimidar.
Funcionarios iraníes explicaron que la nueva oferta es esencialmente la misma que el memorando de junio, pero diseñada para avanzar a un ritmo mucho más rápido. En el arreglo anterior, se había fijado un plazo de 60 días para llegar a negociaciones nucleares, según The New York Times.
Las condiciones planteadas por Irán son precisas. Durante esos siete días cesarían todas las hostilidades, incluidas las que tienen lugar en el Líbano. Estados Unidos liberaría los activos iraníes congelados, estimados en al menos 12.000 millones de dólares. También eximiría de sanciones al petróleo iraní y levantaría el bloqueo naval contra Irán. Al final del proceso, el séptimo día, se abriría el estrecho de Ormuz.
El dato importa más que el ruido. La oferta muestra que Teherán busca convertir la presión militar y diplomática en una negociación rápida, con concesiones muy concretas y de alto valor económico. Conviene mirar los incentivos: Irán pide alivio financiero y comercial, mientras ofrece una pausa temporal en un frente regional que sigue abierto.
Para Washington, el dilema es evidente. Aceptar la fórmula implicaría pagar en activos, sanciones y restricciones navales por una tregua breve. Rechazarla mantiene la presión, pero también prolonga el riesgo sobre una ruta marítima estratégica. La historia sugiere cautela. Cuando la diplomacia se mueve al ritmo de la amenaza, los acuerdos suelen ser frágiles y costosos.

