El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, dijo que su país propuso a Estados Unidos un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz en una semana.
Araghchi declaró en la sede de la ONU en Nueva York que eso podría lograrse «si se cumplen las condiciones necesarias», y señaló que esas condiciones figuran en el memorando de entendimiento firmado en junio. También afirmó que «la decisión está ahora en manos de EE.UU.», y añadió que el plan fue transmitido a Washington a través de Qatar.
Un funcionario estadounidense declaró a la BBC que mantienen conversaciones positivas a través de mediadores, incluso sobre cuestiones nucleares. Según esa misma fuente, EE.UU. está «en una posición muy sólida, con el control del estrecho de Ormuz, por lo que no tenemos prisa».
La propuesta llega después de una nueva escalada. A principios de esta semana, Donald Trump amenazó con «aniquilar a la República Islámica». EE.UU. e Israel lanzaron ataques aéreos contra Irán el 28 de febrero, y Teherán respondió atacando a Israel y bases estadounidenses en el Golfo, así como a aliados de EE.UU. en la región, además de bloquear el estrecho de Ormuz.
El impacto económico es inmediato. Antes de la guerra, alrededor del 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo transitaba por ese paso marítimo, y su cierre provocó fuertes fluctuaciones en los precios de la energía. Los datos de navegación muestran un promedio reciente de unos 18 tránsitos diarios durante un período de 10 días, con cifras que descendieron hasta nueve buques en días concretos, según Kpler, firma de análisis y datos sobre materias primas citada por Reuters.
El memorando de entendimiento entre EE.UU. e Irán, firmado el 18 de junio, tenía como objetivo lograr un alto el fuego y reabrir, al menos parcialmente, el estrecho de Ormuz. El acuerdo de 14 puntos establecía que Irán nunca poseería armas nucleares, que EE.UU., Irán y sus respectivos aliados pondrían fin a las operaciones militares en «todos los frentes», y contemplaba el levantamiento del bloqueo naval estadounidense y el alivio de las sanciones.
Además, estipulaba que Irán «haría todo lo posible para garantizar el paso seguro de los buques comerciales» por el estrecho y mantendría conversaciones con Omán sobre futuros acuerdos de navegación. Sin embargo, el acuerdo fracasó poco después, cuando ambas partes reanudaron las hostilidades.
Desde entonces, Irán ha atacado embarcaciones que, según afirma, intentaron cruzar el estrecho sin autorización. EE.UU. ha atacado instalaciones iraníes en el estrecho y petroleros iraníes frente a las costas del país, y ha mantenido un bloqueo de los puertos iraníes, lo que ha causado graves perturbaciones en la economía de Irán.
La presión política también pesa sobre Trump. La situación ha aumentado la presión sobre él para que encuentre una vía para poner fin al conflicto, especialmente ante la proximidad de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre. Durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU, Trump afirmó creer que un acuerdo con Irán se alcanzaría justo después de esos comicios.
Irán, por su parte, insiste en que no aceptará «coacción, amenazas ni intimidación». Araghchi sostuvo que «la paz no puede construirse mediante amenazas de aniquilación».
Conviene mirar los incentivos. Aquí no solo está en juego la retórica de guerra, sino el control de una arteria por la que fluye una porción decisiva del comercio energético mundial. Cuando un estrecho se convierte en instrumento de negociación, el coste recae sobre consumidores, empresas y contribuyentes expuestos a más volatilidad y a una escalada militar sin salida clara.
La historia sugiere cautela. Los memorandos sirven poco si las partes vuelven a las hostilidades al poco tiempo. Para Washington, la cuestión no es solo si puede imponer fuerza, sino si puede traducirla en un acuerdo verificable que estabilice el tránsito marítimo sin prolongar el conflicto. Para Teherán, la alternativa es seguir usando el estrecho como palanca y asumir que cada movimiento aumenta el riesgo económico y estratégico.

