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Irán mantiene la vía diplomática mientras se prepara para otra guerra con Estados Unidos

Araqchi dice que Teherán sigue dispuesto a negociar y a reabrir Ormuz, pero advierte que sus fuerzas armadas están listas para una eventual reanudación de los bombardeos. La oferta diplomática convive con una señal clara: en Oriente Medio, la disuasión sigue pesando más que la confianza.
Imagen generada con IA
Internacionallunes 28 de septiembre de 2026

El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, aseguró este domingo que Teherán continúa dispuesto a negociar con Estados Unidos, pese al rechazo de Donald Trump a una propuesta de alto el fuego de siete días. Al mismo tiempo, advirtió que Irán está preparado para afrontar una eventual reanudación de las operaciones militares.

En una entrevista con NBC, Araqchi defendió que la iniciativa iraní permitiría recuperar progresivamente la normalidad en el estrecho de Ormuz y reanudar las conversaciones sobre el programa nuclear iraní. Según explicó, Teherán plantea que Washington adopte antes una serie de medidas que considera necesarias para avanzar hacia un acuerdo.

«Estamos listos para abrir el estrecho si ciertas cosas son hechas por los Estados Unidos», declaró el jefe de la diplomacia iraní. Entre las condiciones señaladas por Araqchi figuran el fin de la guerra, la liberación de los activos iraníes «ilegalmente congelados», el levantamiento del bloqueo y la probabilidad de reanudar la venta de petróleo.

El ministro sostuvo que se trata de derechos de Irán y que el objetivo principal de su Gobierno es poner fin al conflicto. De acuerdo con sus explicaciones, la propuesta establece un calendario de siete días: las primeras medidas podrían completarse en cuatro o cinco días, el estrecho quedaría abierto durante el sexto día y la séptima jornada serviría para retomar las conversaciones hacia un acuerdo definitivo.

Araqchi reconoció que Teherán conoció el rechazo público expresado por Trump, pero afirmó que aún espera una contestación formal transmitida por mediadores. También cuestionó las críticas estadounidenses a la iniciativa y sugirió que Washington podría no disponer de todos los detalles del plan. En ese contexto, dijo que le sorprendían las declaraciones del embajador estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz.

La propuesta iraní llega después del fracaso de un memorando de entendimiento alcanzado entre Washington y Teherán en junio, que contemplaba medidas relacionadas con el bloqueo naval, las sanciones, el estrecho de Ormuz y las conversaciones nucleares. El acuerdo terminó colapsando tras la reanudación de las hostilidades.

Preguntado por la situación de las relaciones bilaterales, Araqchi puso en duda la fiabilidad de las negociaciones con la actual Administración estadounidense. Sostuvo que Irán ha aceptado en varias ocasiones iniciar conversaciones con Washington y que luego se produjeron ataques durante esos procesos. Situó uno de esos episodios en 2025 y afirmó que, ocho meses después, en febrero de 2026, volvió a darse una situación similar.

«Si nos preguntan, no tenemos razones para volver a la diplomacia (...). Sin embargo, todavía estoy intentando la diplomacia, porque creo que no deberíamos perder ninguna oportunidad por la paz», afirmó.

Araqchi insistió en que la propuesta iraní representa una oportunidad para recuperar el diálogo y recalcó que Teherán no está condicionado por las elecciones de mitad de mandato estadounidenses. Según dijo, su Gobierno prioriza sus propios intereses nacionales.

Durante la entrevista, el ministro también se refirió a la posibilidad, recogida por el Wall Street Journal, de que Trump reanude los bombardeos contra Irán después de las «midterms» de noviembre. Aseguró que las Fuerzas Armadas iraníes han modificado sus tácticas tras los choques anteriores y que la República Islámica está preparada para esa eventualidad.

«Estamos completamente preparados para que la guerra se reanude», aseveró. «Estamos listos para la diplomacia. Estamos listos para la guerra al mismo tiempo», continuó.

Araqchi atribuyó a Trump la decisión entre ambos caminos y sostuvo que una nueva ofensiva estadounidense no cambiaría la disposición iraní a responder. También rechazó la acusación de que Irán incumpliera primero el acuerdo anterior. Frente a la afirmación estadounidense de que Teherán atacó inicialmente buques comerciales en el estrecho de Ormuz, afirmó que Estados Unidos fue quien primero violó el compromiso.

La lectura es incómoda para cualquiera que aún espere que la diplomacia en la región funcione por inercia. Conviene mirar los incentivos: cuando una parte ofrece negociación y preparación militar al mismo tiempo, el margen para un acuerdo estable depende menos de los comunicados que de la credibilidad de las amenazas y de las concesiones reales.

Para el orden internacional, el episodio confirma una realidad conocida: la seguridad del estrecho de Ormuz y el programa nuclear iraní siguen siendo palancas de presión, no puentes automáticos hacia la desescalada. Y mientras la región siga administrándose con ultimátums, el costo recaerá sobre la estabilidad, el comercio y la confianza en las instituciones que deberían evitar otra espiral de guerra.

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