Irán negó este lunes que vaya a retomar las negociaciones con Estados Unidos, después de que Donald Trump dijera el domingo que esperaba una reanudación próxima de las conversaciones.
La agencia oficial iraní Irna afirmó que no hay previstas nuevas conversaciones y citó a una fuente cercana a la delegación iraní en Nueva York, donde el país participa en la Asamblea General de la ONU. Irna añadió que «la delegación iraní presente en Nueva York no tiene previsto negociar con Estados Unidos».
Trump había dicho al medio Axios que esperaba que las conversaciones se reanudaran próximamente, un día después de rechazar un plan presentado por Teherán para reabrir en siete días el estrecho de Ormuz. Irna precisó además que los puntos de vista y las posiciones de Irán fueron comunicados de forma «clara y explícita» a la parte estadounidense el martes pasado por medio de un mediador catarí.
La agencia también indicó que la delegación iraní regresará a Teherán el martes. Según la misma información, Irán afirmó haber presentado siete condiciones para poner fin a la guerra y reabrir el estrecho.
La vía estratégica de Ormuz, por la que antes de la guerra transitaba una quinta parte de los hidrocarburos mundiales, está en el centro del conflicto que Estados Unidos e Israel desencadenaron a finales de febrero con ataques contra Irán. Desde entonces, la República Islámica reivindica su control, mientras Washington impone en respuesta un bloqueo a los puertos iraníes.
Conviene mirar los incentivos. En este pulso, cada declaración pública busca mejorar la posición negociadora antes que cerrar un acuerdo. La negativa iraní pone un límite a la narrativa de la Casa Blanca, pero también recuerda que la crisis ya se mueve en el terreno de los costos estratégicos, no solo en el de la retórica.
El dato importa más que el ruido: Ormuz sigue siendo un punto de presión sobre los flujos energéticos mundiales. Cuando una ruta por la que antes de la guerra pasaba una quinta parte de los hidrocarburos mundiales queda atrapada en una disputa militar y diplomática, el precio lo pagan la estabilidad regional, el comercio y, en última instancia, los consumidores. La historia sugiere cautela.
